Javier Malonda Ricart
Septiembre 2001 - Febrero 2002
El Diario de Nantes es la recopilación del día a día de un españolito en Francia mientras perpetra su proyecto de fin de carrera. El lector se embarca en un vertiginoso viaje al extranjero con guiños culturales (joder, cómo m'espreso) a través de los ojos de un sufrido estudiante de Industriales a punto de acabar la carrera, como lleva los últimos tres años. En estas páginas podrás descubrir cómo viven los gabachos, cómo es la France, ese país tan vecino como desconocido, y conocer cómo se vive lejos del calor y de la comodidad del hogar. Sirva también de guía a todos aquellos que estén deseando marcharse de Erasmus, a aquellos que no lo tengan claro del todo y a aquellos que, teniéndolo decidida, van a ir a Nantes como fui yo. Estos últimos encontrarán en este tocho un manual de primera mano sobre lo que les va a caer encima en cuanto pongan un pie allí, pudiendo evitar repetir mis errores e ir sobre aviso. Documento de incalculable valor para ellos.
El Diario de Nantes empieza a confeccionarse con los primeros mails que mando a los amigotes para tenerlos al día de mis correrías. Como pronto veo que los correos son bastante largos y jugosos, se me ocurre empezar a recopilarlos, e incluso la idea de hacer una especie de pequeño diario para poder descojonarme de aquí 10 ó 20 años de mis aventuras gabachas. En seguida me di cuenta de que si quería hacer algo decente iba a tener que poner algo de mi parte, y de hecho las últimas semanas acabé prácticamente esclavo de este cuaderno de bitácora, sacrificando incluso necesarias horas de sueño para poder relatar los acontecimientos que se precipitaban vertiginosamente en mi lamentable existencia.
Este recopilatorio de vivencias está escrito en clave de humor, y el lector así debe entenderlo. Muchas de las situaciones están dramatizadas o ligeramente exageradas para provocar la risa hasta el vómito, pero todo lo que se dice es cierto, todo lo que hay ha sucedido y todo lo que sucedió está recogido, vaya eso por delante. Si consigo que alguien, a lo largo de este manojo de folios, se ría por lo menos una vez, ya habrá valido la pena la paliza.
Para ponernos en situación, el 18 de Septiembre de 2001 pongo pies en la residencia universitaria del ICAM de Nantes. ICAM quiere decir Institut Catholique des arts et metiers (Intituto Católico de Artes y Oficios), y es una escuela de Ingeniería privada y de cierta reputación en Gabachilandia. Lo de la C de Catholique no lo descubrí hasta después de haberme embarcado, y estuve un par de semanas con la mosca detrás de la oreja temiendo haberme metido en un convento con pupitres. Yo quería ir a Toulouse, por eso de que pilla cerca, pero me enteré justo en el momento de la subasta de que no había becas de proyecto allí, sólo de curso. El ICAM tiene escuela en Toulouse, Lille y Nantes, y sólo podía elegir ya entre esas dos últimas. Le dije al que repartía las becas que se esperara un momento, y fue corriendo a preguntarle a un amigo-atlas dónde quedaba cada cosa. Lille estaba situado cerca del resto de Europa, buena base de lanzamiento para posibles escapadas, pero tenía pinta de hacer tanto frío que al final me decidí por Nantes. Y la verdad es que me alegro. En Toulouse no hubiera hablado más que español. Y en Lille.. quién sabe...
El diario arranca casi una semana después de llegar. Antes de esa primera entrada sólo hubo un primer mail en el que decía que había llegado vivo, que la gente parecía simpática y que llevaba un ritmo de vida que me iba a matar, pero poco más. Arranca pues el Diario el 26 de Septiembre de 2001, conmigo sentado a las teclas de mi modesto portátil. Vamos a ver qué hacen los franceses y a ver si nos reímos un poco.
Estoy cómodamente sentado en mi habitación con mi adorado teclado qwerty (coño, ¡ahora me equivoco con este!). Todavía no tengo red porque no encuentro una puta tarjeta PCMCIA. Qué mala idea tuve al no traérmela de España. He ido al Carrefour y a otro sitio un poco más especializado que hay por aquí pero nada, todo lo que tienen es una tarjeta rara por puerto USB que no me gusta nada. Tendré que esperar a ir a Nantes y buscarla por allí. De todas maneras ahora hablaré con un chaval que me han dicho que tiene un portátil y que lleva un par de años por aquí, seguro que él sabe algo. Tengo ganas de tener la red, aunque la verdad es que estoy toda la mañana enchufado en el laboratorio.
Las duchas aquí despejan de la hostia. No porque sean reconstituyentes o el agua sea de Vichy, no, sino porque cuando sales y en el baño hay cinco grados, se te quitan hasta las ganas de respirar. De todas maneras ya me voy acostumbrando al fresquito y ya voy por ahí con muy poca ropa. Ahora mismo estoy en el frigo (mi chambre) en mangas de camisa. Hoy por fin ha llovido, que esto no era normal. Yo ya me estaba asustando. Día gris y algunas gotillas, pero tampoco frío descomunal. Ya llegará, me dicen.
El laboratorio es acojonante: te hacen estar allí ocho horas diarias haciendo nada. Es como si estuvieras castigado por haber roto algo. Yo hago trinomio con dos chavales franceses más. El proyecto, por si no lo he explicado antes, y hasta donde he podido entender, es una especie de cinta transportadora para llevar perfiles de diferentes materiales y diferentes formas hasta una máquina de Control Numérico. El problema principal es que los chiquillos lo quieren modulable (es una empresa la que encarga el proyecto a la escuela) y en trozos de dos metros, para hacerse luego el kit. Además los señoritos desean que haya algún cacharro que mida la posición del perfil en todo momento y que además vaya hacia adelante y hacia atrás. Vamos, un prodigio de la técnica. El Martes que viene tenemos una reunión con el cliente para enseñarle todas las paridas que se nos han ocurrido, que son bastantes porque nos aburrimos de la hostia. Él dirá lo que más le pone y nos tocará hacérselo. De momento nos aburrimos tanto que hasta estamos calculando correas y motores para ir matando las horas. Como podréis imaginar, yo no tengo ni puta idea de correas ni de motores. Ellos parece que tampoco, pero por lo menos tienen la moral, y me temo que las ganas, de ir cogiendo libros e ir tirando para alante.
En el laboratorio somos siete. Hay tres proyectos en marcha, el mío y dos más. Se ve que eran tres parejas en un principio, pero entonces llegué yo y a dos pobres de los seis les ha tocado la china. Teníais que ver la conversación entre el coordinador Erasmus (un fulano de tres al cuarto) y el Director para ver dónde me metían, ya que aquí no hay intensificación de organización industrial. Los pobres ponían unas caras... Imaginad si está la cosa mala que lo más parecido a la organización industrial es el laboratorio de fabricación, no digo más. Es una habitación bastante espaciosa, y allí estamos los siete. Mola porque hay bastantes ventanas y es planta baja, con lo cual ves pasar a todo dios camino de clase, y saludas y te descojonas de los caretos de resaca que trae la gente de buena mañana. También te ríes de los que llegan tarde, porque aquí el que va por la calle a las 8:15 es seguro que llega tarde a algún sitio. Los chavales que me han tocado de pareja son bastante majos, y el ambiente en el laboratorio es bastante bueno. La musiqueta no falta a ninguna hora y en poco tiempo me he erigido como DJ indiscutible.
Este es un tema apasionante, el de los horarios. Todo el mundo curra de 8 de la mañana a 5:30 de la tarde, con parada a las 12 y reentré a la 1:30. Hay unas 400 ó 500 personas en la Escuela y todo el mundo, absolutamente todo el mundo, lleva el mismo horario, con lo cual es impresionante ver las mareas humanas que se forman a las horas clave de entrada y salida. Parecemos borregos yendo al matadero. Afortunadamente yo soy de los que menos tiene que caminar ya que hay apenas unos 50 metros desde la puerta de la resi hasta la entrada del laboratorio.
Otro tema especialmente peculiar, y al que no me acabo de acostumbrar, es el de los saludos. Tienes que saludar a todo el mundo. No importa si los conoces o no, el "salut!" no te lo quita nadie. Yo sólo digo salut, pero ellos tienen un repertorio acojonante y a veces enlazan varios saludos que suenan como un mal de ojo y que te ponen los pelos de picos pardos. Debe de ser por eso que todavía no he cagado duro. Cuando te presentan a los tíos les das la mano, pero cuando te presentan a las tías te quedas con cara de tonto y saludando en la lontananza. Eso sí, por lo visto luego está permitido resarcise: cuando uno se encuentra a una tía se conoce que está autorizado a darle cuantos besos guste e incluso un breve magreo. Yo me limito a un salut! porque la verdad que sólo he visto a un par y estaban para los leones, con lo cual mejor mantener las distancias no vayan a tomarse demasiada confianza. Lo acojonante del tema de los saludos es que, todas las mañanas, hay que darle la mano a todo el mundo. Sales de la residencia y vas caminando intentando hacerte el loco. Pues la gente se para, viene y te da la mano. Llegas al laboratorio y tienes que dar la mano a todo el mundo, uno a uno. Entra alguien y va de uno en uno dando la mano (serré la má, que dicen aquí). Es la hostia de bizarro. A mí se me antoja hasta casi violento. Incluso están comiendo una puta hamburguesa, con las manos pringosas de mostaza, y tienes que ir a darles la mano y a limpiártela luego. Interrogando a los franchutes sobre lo que debo hacer si soy yo el que tiene la mano pringosa, me dicen que "como no es la tuya la que se va a manchar..." (se pa la tienn, dicen concretamente).
El ritual de la mano me tiene apasionado. Entras en el bar a ver si hay alguien en concreto y tienes que empezar a recorrer mesas dando la mano. Hay veces que me hago el loco, especialmente cuando tengo prisa o arrastro resaca, e imagino que deben pensar que soy un hijo de puta sin modales o algo peor. De todas maneras, tengo una gran vida social. Se puede decir que soy un aprieta-manos de primera. Una última cosa acojonante sobre el tema de los saludos es que sólo les puedes saludar una vez en todo el día. Esta tarde me he encontrado a un chaval y sólo le he dicho salut, y el payo me ha dicho que ya, que ya nos habíamos visto esta mañana. Pues nada tío, a otra cosa. Afortunadamente, parece que el ritual no afecta a las personas de mi planta (15), con lo cual ahorramos saluditos y demás lamidas de culo cuando nos encontramos para el desayuno a las 7:30 de la mañana, que pocas ganas hay.
La cocina no está mal. Yo no suelo coincidir demasiado con la gente, con lo cual no sufro las horas punta. Lo bueno es que no tuve que comprar vajilla ni sartenes ni nada, había ya de todo. Lo malo es que a veces la vajilla se va de paseo unos días sin decir nada, y te toca fregar el mismo plato varias veces durante la cena. Precisamente hoy han vuelto unos platos que se habían ido de vacaciones unos días con unos cubiertos, especialmente con un cuchillo al que yo le había cogido particular cariño. El reencuentro, con lágrimas en los ojos, ha sido de lo más emotivo. Les he preguntado a mis compañeros cada cuánto se va de viaje la vajilla y no han sabido aclararme nada, con lo cual he supuesto que es algo normal. Seguiré informando. La que se ha ido y no ha vuelto, ni siquiera me escribe, es una taza que compré el primer día. Imagino que se perdería, porque esto es bastante grande y los pasillos laberínticos. Ahora he comprado otra y duerme conmigo en la habitación. Aquí mismito la tengo ahora.
Están jugando ahora el Nantes y el Galatasaray la liga de campeones. El Nantes lleva dos puntos en ocho partidos y la gente está que trina, pero bueno, mientras vaya tirando en la champions. Ahora bajaré a verlo y a ver si echo una partidita al billar. Hay un billar en la entrada y siempre hay gente jugando, a la hora que quieras. Hay una pandilla de nanetes que pasan la vida ahí, como aquí no tienen futbolines, pues claro. No veas cómo juegan los cabrones. Hasta yo he cogido un nivel increíble en un par de días y ya hago eso de darle una bola y que la otra meta otra. Aquí lo llaman le petí TGV. Por lo visto es petí si son dos bolas, y TGV a secas si son tres. El otro día hice un TGV de esos de tres bolas que se quedaron flipando. Dos cagadas inmediatemente después me devolvieron a mi puesto en el ranking billarero de la residencia, pero viví mi momento de gloria. En fin, es bastante entretenido y da bastante juego. Tienen también un billar español: billar francés, lo llaman aquí los muy flipaos, aunque no juegan mucho. Supongo que porque el americano triunfa más y porque el tapete del otro está hecho un campo de patatas.
Hay también un piano. Está bien afinado y no suena muy mal, pero tiene alguna tecla medio jodida. De todas maneras, con mi nivel, no se nota mucho. A pesar de todo, aquí el más tonto hace helicópteros: tocas el piano y luego viene otro con las partituras y todo y te toca una de Vivaldi; tocas la guitarreta y viene otro payo con la eléctrica y te deja a la altura del betún, y haces un TGV en el billar y viene el mismo pollo del piano y te mete todas las bolas, una detrás de otra, mientras a ti se te queda la cara de tonto; primero por la pieza de Vivaldi y luego por el puto billar. En fin, uno se desquita cuando los oye intentar hablar español. Todos dicen que hablan an petí pé, pero los pobres no pasan del buenos días y del "guarra, quítate la ropa y ponte a cuatro patas" que les he enseñado yo en alguna de las sesiones de intercambio cultural nocturno que ha habido esta primera semana. Su nivel de inglés es también patético en general, y quitando un par que he visto, no son capaces de pasarme alguna palabara complicada del francés al inglés.
Es bastante curioso: en mi planta (15 personas) hay uno que es igual al Javi de Industriales, y otro que es idéntico al Chano y que se hace unas cocinitas de cuidado, además muy simpático el chaval. Para los se hayan perdido los inicios de El Diario de Nantes, diré que hay cuatro chicas, creo, en mi planta. Hay una que no está mal. Las otras tres hacen lo que pueden, que a juzgar por la escasez que existe aquí, no debe de ser poco. Respecto al tema de la locura y el desenfreno sexual que corre en las historias Erasmus, el mío debe de ser otro tipo diferente de beca. Como no me busque nichos de mercado en Veterinaria, la cosa pinta muy mal. Nos limitaremos a aprender el francés de toda la vida.
Hay un par de tíos en mi piso con los que no me hablo demasiado: uno es un poco rarito y va todo el día con cara de estreñido. No sé si le habré hecho algo, pero parece que es así con todo el mundo. El otro es l'esqual (no sé si se escribirá así). Es un tío tocho y bien parecido y que, como me ponga tonto, me da dos galletas y me pone en casa. En mi vorágine inicial de intentar asimilar nombres foráneos a capazos, pensé que l'escual era algo así como Pascual pero en gabacho (hay uno al que llaman Paco). De piedrecita me quedé cuando me dicen tutasuí (acto seguido) que es l'escual, el escualo. El tiburón, vamos. Como cuento. Por aquí hay alguno al que le falta un verano.
Sobre los españoles, decir que hay tres aparte del menda y que son todo chicas. No hace falta decir que les hacen la cena, les pagan las cervezas y les suben la compra a la habitación. Es increíble, aunque comprensible, claro, con lo justitos que van los pobres de recursos. Hay una chica de Madrid, otra de Cáceres y otra de Alicante. La de Madrid ya estuvo aquí el año pasado y se encuentra aquí en el mismo régimen que yo, penitenciario de condicional inversa: va a dormir a casa pero tiene que pasar el día en la cárcel. Las otras dos chicas estudian veterinaria, que por lo visto no está muy lejos de aquí. Hemos hecho buenas migas rápidamente, lo cual me conviene especialmente, no sólo porque puedo hablar español de vez en cuando, sino porque me abren al mercado de las alumnas de veterinaria, que son también diez a uno pero esta vez al revés.
Hay aquí también otras tres chicas de veterinaria: dos son portuguesas y están bastante bien, y la otra es finlandesa y está para los leones la pobre, aparte de que es más rara que un perro verde. A las portuguesas se ve que les he caído bien. Se conoce que se alegran de que les hable alguien que no está borracho y les intenta quitar los pantalones, por lo menos descaradamente. De hecho me habían invitado a una suaré (una fiestecilla) de veterinaria esta tarde, y que yo sepa no han invitado a ningún otro pardillo. Habíamos quedado a las 7 pero me han dado plantón, aunque ha venido una de las chicas españolas y me ha dicho que es que habían salido muy tarde y que tal y que cual, pero que tampoco sabía por donde estaban. Yo, la verdad, después de 8 horas de hacer el mico en el laboratorio y después de haber dormido sólo 3 horas la noche anterior, lo he agradecido. El ritmo está siendo frenético estos primeros días. He subido y he cenado (iba sin nada en el estómago desde la frugal comida del mediodía). He cenado mano a mano con el Squal, quien ha tenido la delicadeza de perdonarme la vida. Ha sido una cenita la mar de tensa.
Bueno, ya vale por hoy que ya llevo un buen rato y tampoco es cuestión de desvelar todos los misterios de la residencia de una tacada. Otro día más.
Hoy ha sido el día de los deportes. Bueno, me explico. Todos los Jueves aquí es el día de los deportes. En la práctica eso supone que los pulé (los pollitos, los borregos) salen a las 12pm, comen y van a hacer deporte. Yo se supone que salgo a las 4:30 en vez de 5:30 por ser un día especial (el día de los deportes, todos los Jueves), pero no sé muy bien por qué hoy hemos salido a comer y ya no hemos vuelto. No me ha quedado muy clara la razón, pero parece que tiene que ver con lo que están haciendo en el techo del laboratorio, aunque quizá sea también porque cortaban la luz a mediodía. Sobre el techo, parece ser que lo limpian con agua. Se conoce que aquí no llueve suficiente y que le tienen que dar una segunda mano de agua al techo, pero el caso es que el tejado del laboratorio no está muy allá y ha llegado al punto de que algunas placas del techo han tragado tanta agua que se han venido abajo. Desconozco si esto tiene algo que ver con el hecho de que hayamos salido antes, es que estos gabachos no se explican nada, pero el caso es que hemos salido a comer a las 12 y las 2 estaba yo envuelto en pleno torneo de fútbol.
Aquí hay un campo de fútbol reglamentario, pero por lo visto no llueve bastante y está hecho un campo de patatas. El caso es que lo dividen en dos y hacen torneos de equipos de ocho contra ocho. Como había mil personas para jugar (recuerdo que aquí no hay más que tíos), los partidos duraban cinco minutos de reloj. Como es lógico, la mitad de los partidos han acabado o en empate o en victoria o derrota por uno a cero, pero me ha venido bien para aprender algo de vocabulario futbolístico. La bola es le baló, frapé-le es algo así como dale de hostias a ese, y potó, aunque parezca alguna guarrada, es poste. El balón no es la bul sino le baló, lo cual parece tener sentido; y la portería es le bút (pronúnciese con esa U que sólo los franceses son capaces de hacer). El portero es le gardián, y me ha tocado hacer de él en uno de los 6 ó 7 partidos que hemos jugado. El caso es que el nivel es tan bajo que sólo hemos metido dos goles, uno de ellos mío (Raúl me llaman), y a pesar de eso hemos quedado terceros de nueve o diez equipos. Al lado hay otro campo, pero deben de cultivar ortigas o algo parecido a juzgar por los sarpullidos que me han salido de rebozarme en él. Tomo nota para el Jueves que viene si es que salimos también a jugar a fútbol. Han montado otro tenderete para jugar al voley, y allí se podía ver a las tres tías potables de la residencia ejercer su poder mediático. Yo lo he visto sólo al pasar corriendo camino de la ducha, donde el agua caliente ha aliviado el fervor que han producido las ortigas y demás plantas de mal agüero.
Lo mejor ha sido después de la competición. Parece ser que el equipo de profesores, que se defiende bien, tienen que pagar luego los aperos (aperitivos) a los otros departamentos implicados en el caso de que queden peor clasificados. Yo jugaba con Productique (Fabricación) y estaban también Materiaux (Materiales), y por lo visto hemos quedado todos mejor que los profesores, porque vengo de mamarme siete (7) tercios de cerveza y no he pagado ninguno. Aparte de las idas y venidas al cuarto de baño, me he dedicado a la vida social cuanto he podido, con lo cual tendré unas cuantas manos más que apretar mañana (esto está alcanzando niveles insostenibles). Ahora voy a ver si ceno (19:30) y a ver si relleno los papeles de la ayuda para el alojamiento del gobierno francés, que a este paso me van a tirar de la resi. Luego iré a ver qué hacen las españolas. Espero que no haya movida en Veterinaria porque no estoy precisamente para excesos. Ya veremos. Sobre Francia, si me preguntaran a día de hoy diría que es un país en el que puedes decir oh la lá sin parecer maricón, aunque algunos gabachos sigan sin conseguirlo. Veremos si mejoran.
Hoy me he tenido una nueva historia de cocina: cuando he acabado el partido me he subido y me he hecho unas crepes para matar el gusanillo y a modo de merienda. El caso es que algún cabrón no había fregado bien la sartén y las crepes sabían a spaghetti bolognesa. Estoy pensando seriamente en comprarme el kit de cocina personal. Ya veremos si se me pasa el cabreo.
Hoy es Domingo, día de los difuntos en la residencia, la MI (l'emi, le dicen, Maison des ICAM). Los Domingos se caracterizan especialmente porque no hay rastro de vida humana en todo el edificio, pero sin embargo las putas lavadoras funcionan a toda máquina durante todo el día. Es algo acojonante. No verás ni te cruzarás con nadie, pero parece ser que hay espíritus que lavan montañas y montañas de ropa. Yo había esperado a hoy para hacer la colada y me parece que lo voy a tener crudo. De todas maneras, el día es largo y las cosas imprevisibles aquí, así que esperaremos un poco y aprovecharemos para jugar al billar.
A los gabachos les encanta reducirlo todo a siglas. Como no hablan lo bastante rápido ni se comen bastantes letras, se conoce que necesitan reducir aún más las frases, y para ello utilizan complejas compresiones en versión acrónimo que facilitan la labor del esforzado estudiante de francés. Como he dicho ya, la residencia es MI (Maison des ICAM, la casa de los del ICAM -nombre de la escuela-); las prácticas son las TP (travaill practic, trabajos prácticos); los dos primeros años de estudio aquí son SUP y SP, que mucho me temo son dos contracciones más, y así todo. Seguro que hay un acrónimo para "Me estoy cagando". A ver si me entero.
Este fin de semana ha sido un poco bizarro. Como todos los que conozcan a un servidor saben, el café no me suele sentar demasiado bien. Sin embargo hay veces en que sus efectos no son nocivos y ello hace que pruebe suerte con, quizá demasiada, frecuencia. El caso es que en el laboratorio hay una cafetera americana que hace café que hasta tiene buena pinta. Pues el muy gilipollas del menda, para probarlo, va y el Viernes se hace dos tazas. Resultado: el Viernes noche no se sale porque hay que pasárselo aferrado a la taza. Hoy Domingo todavía tengo el estómago revenío. Conclusión: fácil, no más café.
Este fin de semana las portuguesas y una de las españolas se han ido con la troupe de veto (Veterinaria) a un rally papié o algo así que llaman aquí, que por lo visto es una especie de excursión-concurso en el que gana el que llega más pronto a un sitio pero sin correr demasiado. Las portuguesas me preguntaron si quería ir pero les dije que no tenía taza en el coche. A pesar de mi irreparable pérdida, las tías se han ido igualmente. Espero se les pinche una rueda o les vuelque la vuatiug (el carro en castizo).
El viernes noche llamé a Rocío a Angers. Aquí lo llaman Angé, y es curioso porque normalmente no se suelen comer más de una letra al final de una palabra. Se ve que ese día tenían hambre. Y con lo que queda de la palabra no veas lo que hacen, le meten un acento que la hace difícilmente reconocible y que provoca caras de estupefacción cuando intentas su reproducción. La residencia de Rocío debe de ser algo así como el Empire State de Angers o un piso en primera línea de playa en Benidorm, porque está en la chambre 1009 y tiene toda la pinta de ser un décimo piso. Llamar por teléfono allí, para un españolito en vías de desarrollo gabacho, es toda una odisea: la llamada llega a la recepción del garito, allí responde un pollo que la pasa a la recepción del piso correspondiente y allí, una señora cuyo trote puedes oír alejándose por el pasillo, va hasta la puerta en cuestión, la aporrea, vuelve y te dice que no hay nadie. Va a ser complicado hablar con Rocío. De cualquier modo, a juzgar por el volumen y la cadencia de los pasos de la señora que aporrea la puerta, sin duda le hace falta buen ejercicio. Seguiré intentando y seguro que todos salimos ganando.
El Sábado por la mañana me despertó una de las dos españolas que quedaba y me preguntó si quería ir a Nantes. Como quiera que el día era espléndido y yo no tenía rien que hacer, allá que fuimos. Aparcar en Nantes en Sábado por la mañana es misión imposible, incluso si no te importa dejarte los francos en la ORA (zona azul), que no es precisamente barata y que también funciona los Sábados. Por cierto, parece ser que los gabachos no son tan listos como parece y curran los Sábados por la mañana. Después de una hora buscando sitio gratis para aparcar, optamos por pagar y aprovechar la mañana. Fuimos a la FNAC y allí me hice con una tarjeta SIM para el móvil. Mi número: 06 17 55 78 80. Sí, creo que hay que marcarlos todos. Lo siento, no es culpa mía. También miré lo de la tarjeta PCMCIA de red para el portátil. Había varias, pero deben de estar hechas de oro por dentro porque la más barata valía 15.000 pelas. Como quiera que en Valencia valen menos de la mitad, he optado por bajar a buscar algo más económico en algún otro lugar y, si no encuentro otra cosa, la encargaré a la expedición que viene a visitarme para el día 10.
Para el que quiera conocer mis intenciones para con la española que me acompañó en el agradable paseo matutino, diré que se casa el año que viene, lo cual creo zanjará cualquier posible discusión al respecto. Por cierto, vimos la catedral de Nantes, mu gonita. "La están acabando ahora" -me decía la española. "¿Pero cómo la van a estar acabando ahora, buena mujer?" -le decía yo. Resulta que están limpiando y dando esplendor a una de las torres, y la verdad es que les ha quedado tan bien que parece nueva. De hecho, tiene toda la pinta de haber sido rehecha con ladrillo de fábrica o cartón piedra según el lugar, y un horrendo reloj modelo Eurovisión ha sido cagado en mitad de la torre, con lo cual parece talmente que la acaben de terminar. De verdad, vale la pena la visita a la catedral sólo para ver la nueva y reluciente torre sur modelo Disney world. Y luego dicen de España...
El Sábado por la noche estuvo guapo. Una de las tres españolas estuvo ya aquí el año pasado y conoce a bastante gente (bueno, los conoce a todos, porque esto no es muy grande y porque la tía no para. Hiperactividad creo que es el término médico). El caso es que fuimos a casa de un coleguita suyo que es un cachondo de cuidado. Se llama Mateo (dígase Mátiú si se puede), y es un cruce bizarro entre General Mola, jugador de rol, fumador de hierbas y amante apasionado de la Fórmula 1. Estuvimos en su casa hasta las cuatro de la mañana, oyendo musiquita y charrando. Éramos unos diez, y entre los más destacables estaban el marmot (el marmota, una especie de Buá pero con más cara de volao todavía), un chaval pastaíco al Jan Pol Belmondo y una rubita la mar de apañada soldada al novio la mayor parte de la noche. Estuvo de puta madre porque pude practicar un montón de francés (el alcohol no pone trabas al conocimiento, y mucho menos a la vergüenza), aprender un montón de palabras nuevas y charlar con una nenita que estaba buena. No está el tema aquí como para pedir más.
El Chano me preguntó el otro día por Internet si el acentó francés causa estragos en mí tal y como lo hace en Valencia, y la verdad es que no supe que decir. Supongo que mi incipiente indiferencia se debe a varias cosas:
La rubita y yo estuvimos hablando un buen rato para mi regocijo. Ella me contaba que estudiaba en el Liceo y yo me pensaba que aquello sería alguna escuela de algo extraño mientras imaginaba lo buena que debía de estar en pelotas. El caso es que media hora después, vuelve a salir el Liceo y le pregunto. Resulta que el Liceo es lo que se hace aquí antes de ir a la universidad, el cole, vamos, con lo cual la chiquilla ni siquiera era mayor de edad. Si es que la visten como putas, coño, que diría aquel. Bueno bueno, se pa grav, se pa grav, que dicen aquí. Mateo y yo estuvimos departiendo largo y tendido sobre la Fórmula 1 y piensa que el De la Rosa es un fenómeno. Y si él lo dice, lo debe ser, porque el tío controla de la hostia. Ya veremos si el tiempo le da la razón. El chaval me cayó muy bien, así que me sentí bastante mal cuando cayó una colilla al suelo y yo no tuve mejor idea que apagarla de un zapatazo. La cosa no hubiera pasado a mayores si no hubiera sido porque el suelo era moqueta, el quemazo que se hizo era digno de todo elogio y la casa era la de sus padres. "Se pa grav, se pa grav", me dijo después de unos primeros momentos de incertidumbre, y sin duda apaciguados sus ánimos por los vapores etílicos. Veremos lo que piensa cuando se levante mañana y si me da la mano la próxima vez que nos veamos. En fin, ¡alé Schumacher!
En el francés de hoy en día parece ser, a juzgar por el poco tiempo que llevo aquí, que existen dos palabras clave. A saber: caggemón (carrement debe de ser) y trúc (pronúnciese con la dichosa U con tono de I). Estas dos palabras componen el 50% de las frases y su conocimiento es fundamental para desenvolverse en la Francia de hoy en día. Caggemón viene a significar 'un huevo' o 'mogollón', pero pasa por todo un rango de matices que lo hacen útil en cualquier situación. También sirve como sustituto de "bian siug" o de "tutafé" (sin duda, claro claro). La ubicuidad de trúc es casi más increíble, ya que puede significar absolutamente cualquier cosa. Algunos ejemplos son: Pásame ese trúc que hay en el suelo, El trúc es que hace mucho frío, Hay que inventar un trúc para meter aquí. Todos aquellos cuyo francés tenga 5 años o más, sírvanse actualizar sus conocimientos so pena de no saber hacerse entender nunca más en territorio gabacho. Avisados quedan.
La música que oyen aquí no tiene desperdicio. Aquí no salen del Ska o del Reagge más que para meterse en rollos tipo bass and drum, o cosas africanas mezcladas con muy mal gusto con movidas tecnológicas. Aquí les tarareas unas estrofas de eSKApe y te lamen los pies, así que los que vayáis a venir para aquí, incluid en la maleta una hoja con las letras de un par de canciones y el triunfo está asegurado, por lo menos entre los tíos. El otro día, en una de las suarés (fiestecillas) estuve ojeando la colección de Cds de un pollo: no conocía ni uno de los más de 50 CDs, salvo el de los grandes éxitos de Aretha Franklin, que sin duda había caído en aquel montón desde un agujero interdimensional. Con razón el Chano volvió de Burdeos y ya sólo oye porquería. Hasta yo me estoy viciando. Hay unos que tocan reagge y que se llaman los Gladiators que están bastante bien.
Y atención amigos, todo cambia: el piano y la guitarra ya no se llevan. Lo que se lleva son los bongos y un instrumento bizarro que consiste en un tubo de PVC de metro y medio o así. Uno pone la boca y hace como que se tira pedorretas, y sale un sonido ronco y continuo la mar de africano (por lo menos eso les parece a ellos). Hacer un poco de ruido mientras te dura el aire no es demasiado complicado, pero el Mateo es capaz de sacar un complejo repertorio de continuidad indefinida que la verdad es que le deja a uno flipado, más que nada porque es bastante complicado aspirar aire y seguir soplando al mismo tiempo. Lo podéis intentar. En tan contra natura como intentar respirar bajo el agua o giñar boca abajo. Parece que existe además un cierto misticismo alrededor del tubo de PVC, y el Mateo dice que al cabo de un rato empiezas a flotar. No te jode, igual que acabas flotando cuando hinchas tres colchonetas en la playa. Parece que en las suarés no se hace nada bueno para la salud, y lo del tubo de PVC no iba a ser una excepción. Eso sí, diversión asegurada por los pocos francos que debe de valer un trozo de canalización en PVC de 45mm de diámetro.
Por cierto, se me olvidaba comentar el tema de los móviles: aquí es sencillamente acojonante. De los modelos que hay en España, sólo se venden los más nuevos, y aquí son modelos desfasados de la hostia porque ni siquiera tienen WAP. Aquí se puede comprar un Nokia 8210 (el petí petí), con contrato de 6 meses, por el módico precio de 1 franco. Sí, 25 pesetas. Vayan tirando sus móviles a la basura... Eso sí, los precios de las llamadas de las tarjetas prepeyé no tienen nada que envidiar a los de España.
Otra cosa: los mosquitos. Aquí no hay mosquitos normales, aquí hay helicópteros. Son unos mosquitos de un tamaño tremendo, los hay a puñados y están por todas partes (paggtú, dicen aquí). Creo que no pican, pero espero no averiguarlo. Interrogando a las veterinarias sobre la ficha técnica de los aparatos, me dicen que no son carnívoros, sino que se alimentan de plantas, al contrario que otros bichos como los mosquitos convencionales o, ojo al dato, las mariquitas. Parece ser que estos entrañables bichitos son voraces carnívoros y comen pulgones y cualquier otra cosa que se les pone por delante. ¡Coño con las mariquitas!
Hoy ha sido un día largo. Teníamos que ir a ver al cliente para ver exactamente qué carajo es lo que quiere que le hagamos. La empresa está a unos 100 km de aquí, pero carretera nacional, con lo cual tenemos casi hora y media de camino. Hemos salido a las 7:45am y el viaje ha sido relativamente corto porque me he pasado todo el rato clapando. Íbamos mis dos compañeros de proyecto y el supervisor, que es un profesor joven y muy enrollado. Total, que cuando hemos llegado allí yo me acababa de despertar como aquel que dice. La reunión ha sido larga e intensa. Yo lo he entendido casi todo pero he preferido mantenerme al margen en todo momento, hacer como que entendía y reír como el que más cuando todos se reían. La cosa ha durado casi tres horas a lo tonto, y cuando creía que nos íbamos a casa, el tío nos ha llevado a comer a un barete bastante apañado. Eso sí, menú del día. Con el desayuno en los talones desde las siete de la mañana, he devorado el filete con fruición, sin hacer ascos tampoco a un vinillo que no estaba nada mal. El viaje de vuelta lo he clapado casi de cabo a rabo y el resto de la tarde ha pasado también bastante rápido. Ahora cuando mis compañeros me expliquen exactamente lo que hay que hacer, supongo que la cosa empezará a cogerse. Sin sobresaltos, claro, que tampoco es cuestión de currar demasiado. Otros colegas de proyecto han mandado unos planos a Danone y están esperando a que se los validen, con lo cual están haciendo el mico en el laboratorio todo el día y la cosa está bastante divertida. Si no fuera porque Internet va a pedales, los días pasarían aquí volando.
Aquí no llueve, y ni siquiera acaba de hacer frío. Yo voy en manga corta casi todo el día. Ayer hice la primera colada. Cuando me dirigía hacia las lavadoras, vi por el pasillo a las portuguesas con un montón de ropa para lavar también. Aceleré el paso hábilmente (corrí como un poseso) y me aseguré de que me hacía con una de las codiciadas máquinas. Afortunadamente para ellas y para mi relación con ellas, había otra lavadora extra parada, con lo cual no llegamos a las manos. Tras el lavado, que dura un buen rato, viene el secado. Máxima potencia, secado intensivo, por si las moscas. Dos horas después todavía daba vueltas la puta secadora, momento en el que se me hinchaban los cojones y sacaba la colada, ya seca en su mayor parte. Toda una odisea lavar la ropa aquí.
Han arreglado ya la luz del techo de mi trozo de pasillo con lo cual, cuando llego por la noche, me cuesta menos de cinco minutos meter la llave en la cerradura. Había también en mi esquina del pasillo un colchón sin dueño. En vista de que los días pasaban y nadie se hacía cargo de él, me lo he metido en el cuarto. Así, cuando vengan estos la semana que viene, sólo tendré que agenciarme uno más, que no será difícil.
Ya he hecho mi primera colaboración con la revista del ICAM. Resulta que hace una semana o así me abordó un chaval y me dijo que les gustaría mucho que, como Alfredo Landa representante del español medio, tuviera a bien dedicarles unos párrafos en la excelsa lengua de Cervantes. Como escribir no me cuesta nada y me encanta tenerlos a todos aquí contentos, le dije que sí, que la semana siguiente lo tendría. La semana siguiente resultó ser ayer. Le dije al chaval que me diera un rato para ir a la habitación a buscarlo y en un cuarto de hora le traje una página en un perfecto castellano que dudo que alguien entienda aquí. No es gran cosa, pero al chaval le ha hecho feliz. Básicamente les digo quién soy, de dónde vengo, les digo que su país es una mierda y les explico por qué. Espero que guste entre la comunidad de hispanohablantes compuesta por mi trasero y yo. Estaré al tanto para próximas colaboraciones.
Mi francés mejora a marchas forzadas y, como la confianza da asco, ya me permito algunas arriesgadas piruetas como cenar a las 6 o saludar dos veces a la misma persona. De hecho, los saludo a todos cada vez que los veo y los tíos, superada la primera impresión, parecen encantados. De aquí nada se habrá impuesto el estándar español. A día de hoy, la mitad ya me dicen Hola por la mañana.
He hablado por fin con Priscilla (Rocío). La he tenido que llamar al móvil porque nunca está en la habitación y tanto la señora que aporrea la puerta como yo nos hemos cansado ya del numerito. Llamar a un móvil es bastante caro, pero por lo menos aquí uno se puede hacer a la idea de que un franco es un duro y como que duele menos. Me contó Pris que está en una residencia-agujero lejos de la ciudad, y que se iban a otra resi que era más molona "porque tenía futbolín". Por lo visto no me puedo quejar. De hecho, últimamente incluso he visto más mujeres por aquí y hasta alguna estaba buena. Ayer mismo, recogiendo la colada a altas horas de la noche, coincidí con una gabachita la mar de apañada. Como quiera que yo estaba derrotado ya y como aquí cuando uno se presenta no hay besos que valgan, opté por pasar de todo e irme al catre. Quizá debí presentarme y pasar al nivel dos de la relación, que permite un breve magreo en cada encuentro casual. En fin, la próxima vez tendrá que ser.
Volviendo a Priscilla, me ha dicho que igual este fin de semana venía a Nantes porque tenía una amiga aquí o algo así, no lo entendí muy bien. También vienen varios amigos de una de las españolas, así que este va a ser fin de semana cañí. Aunque eso sí, nada comparado con lo que va a pasar aquí el fin de semana siguiente cuando vengan mis amigotes.
Esto va a ser largo, ya que hace 5 días que no escribo nada y no tengo otra cosa que hacer. Tómenlo con calma. Advertidos quedan los lectores.
Hoy es domingo, otra vez, y hace un día de perros. Sopla un viento de cojones y hay alerta en el norte de la Bretaña, según he podido ver en la tele. Todavía no llueve, pero lo hará, y cuando empiece va a caer en horizontal, porque esto es acojonante. Hoy es un día de esos que levantan la moral a cualquiera. Menos mal que al final no me he ido de excursión a ver los chatós (castillos) de la luag (Loire). En mi planta estamos 3 de 15 y sólo los he visto cuando yo acababa de desayunar y ellos empezaban a hacer la comida. Domingo, día de todos los santos y de todas las lavadoras a toda pastilla.
El Jueves vinieron unos amigos de una de las españolas que están de interrail. Son tres y son lo mejor de cada casa. Estudian todos veterinaria y uno está de Erasmus en Lisboa, aunque allí por lo visto todavía no lo saben. A los otros dos también hay que darles de comer aparte. Iban por el norte de Europa pero por lo visto se quedaron atascados en Amsterdam más tiempo del necesario. A juzgar por lo que cuentan (y me lo creo), ya no queda allí marihuana ni alucinógenos varios de baja potencia. El trío calavera. Los recogí yo con el Twingo de la estación de autobuses, y las ventanillas tuvieron que ir bajadas todo el camino a pesar de las rasca. Uno de ellos me dijo que subía su ventanilla que tenía frío. Yo le dije que bien, pero que yo no subía la mía. Para más cachondeo, nos perdimos volviendo de la estación y la tortura duró casi una hora. Ellos contaban sus historias sobre Amsterdam y yo me reía y trataba de respirar poquito. Los tíos son unos cachondos de cuidado, eso sí.
El Jueves noche hubo fiesta en Veterinaria. Fuimos andando ya que la escuela "sólo" queda a 25 minutos andando y éramos muchos para coger el Twingo. La suaré fue increíble: ya sé dónde están todas las tías que faltan en el ICAM, estudian todas veterinaria. Hay alemanas, finlandesas, españolas y, por supuesto, gabachas. Y están todas buenísimas. Este último comentario supongo que será el propio de quien lleva encerrado tres semanas en una residencia unisex. La cosa se prolongó hasta casi las 5, y yo me acostaba cerca de las 6am. Se puede decir que los tres grillaos del interrail fueron el centro de la fiesta, y acabaron tirándolos (a ellos y a mí con ellos) a base de manguera. Yo no lo había visto nunca, pero es efectivo. Saliendo, partieron en dos la barrera del parking de la escuela (yo no sabía dónde meterme), y pegaban tales alaridos a las 5:30 de la mañana que, una pobre gabacha muy apurada, se ofreció a llevarnos en coche hasta la residencia. Aquello fue casi más fuerte que lo de la manguera, yo no daba crédito a lo que veía. La música en la fiesta estuvo bastante bien. Pusieron la de tombe la chemis(e) (quítate la camisa) al principio y todos los tíos cachitas se la quitaron y ya no se la volvieron a poner. Lo bueno es que incluso alguna tía se echó al rollo. Parece que lo de egalité va en serio aquí. Ninguno de los españoles hicimos siquiera amago, probablemente por ir la décima parte de borrachos y por estar cinco veces menos cachitas. Luego pusieron la de lega-lega-lización de eskape un par de veces. La gente se vuelve loca cuando la oye, es algo acojonante. Hay dos o tres canciones gabachas más con las que los tíos pierden la mesura, pero yo no me entero de nada y aprovecho para ir a mear. En fin, que la cosa no estuvo mal y salimos de allí las 5:30am.
Dormí dos horas y me levanté para ir al labomartirio. Como podéis imaginar el día fue muy largo a pesar de la breve siesta del mediodía. Estuve todo el día navegando por internet, poniéndome al día de las noticias de España y bajando cancioncillas de Manolo Escobar. Con decir que por la tarde hice café para todos y fue el único momento del día en el que me sentí útil. El otro del trío es incluso más vago que yo, con lo cual no hay odiosas comparaciones, pero el tercero, aunque limitado, es muy voluntarioso. El tío resolvió medio proyecto y sacó unos planos con el ProEngineer del invento que yo validé posteriormente con un expresivo "se la bal" (es la bomba). El tío dejó el plano por ahí tirado y yo lo doblé en dos y me lo metí en la cartera cuando ya se habían ido todos para verlo con detenimiento en casa. Acojonante el plano, yo no sé para qué cojones "aprendemos" Autocad. La educación española me está decepcionando.
Sobre las nenitas de la fiesta, aclarar que no pillé ni un mal catarro. Iba con 6 españolas y una me dijo que me parecía a Íñigo el de Al salir de clase, pero afortunadamente nadie mencionó ningún tipo de parecido con Enriquito Iglesias, lo cual siempre es reconfortante. Había todo tipo de tías y estaban todas buenas. Como este Jueves haya otra fiesta de veterinaria, pillamos todos. Aquello es un criadero. Las cultivan allí, sin duda.
El viernes vino Priscilla a media tarde y ni siquiera pude dormir siesta. Fuimos a comprar provisiones y cenamos, y luego fuimos al piso de los españoles para ver que hacían. Estuvimos tomando unos copazos, pero yo decidí que, dado que había dormido dos horas, más media de siesta, y que estaba como que flotaba, no me apetecía demasiado salir. Priscilla estaba también cansada y al final nos fuimos a dormir pronto. Ella dice que oyó juerga por la noche en la residencia, pero yo dormí como un angelito y no nos despertamos hasta las 11 de la mañana. Desayunamos con tranquilidad y cogimos el coche para hacer un tour por Nantes.
Nantes es bastante más pequeña de Valencia. En el mapa que he comprado viene muy grande, pero es sólo para impresionar. Luego te pones a andar y en 15 minutos te plantas en cualquier sitio. Hay varias cosas que no hay que perderse. El castillo está de puta madre, visita obligada. Luego está el leliéunic (le lieu unique, el sitio único), que es la antigua central de las galletas LU que está reconvertida a bar, restaurante y sala de exposiciones. Muy curioso. El edificio de la FNAC es la antigua sede de la bolsa y es la hostia. La FNAC aquí es un imperio, y el lugar de encuentro por excelencia en Nantes los fines de semana. Allí me encontré a varias personas de la escuela que habían ido "a escuchar música". Imaginaos el coñazo que son los fines de semana en la resi que la gente se zambulle en la multitud de la FNAC para pugnar por unos cascos y oír algo de música. He oído de alguno que pasa el fin de semana pillándose un huevo con el quicio de la puerta sólo para entretenerse. Luego está la mesón (la maison, la casa) que es un bar retro al más puro estilo Austin Powers y en el que tomamos un café (yo tomé un te por si las moscas). Es una pasada: está decorado con trastos de los que se encuentran en los mercadillos, las paredes son de colores bizarros y el suelo de algunas habitaciones es de "piel" de leopardo. Es como una casa muy grande en la que cada sala es una habitación pero todo años 60 total. Priscilla y yo nos tomamos el café sentados en la bañera. Es un flipe. Habrá que hacer fotos. Hay que montar algo así en Valencia.
Cuando salíamos de la residencia saludé al único otro chaval que he visto con aparato de los piños aquí. Le dije que bajábamos a Nantes y el pollo se acopló. Yo no le dije que no porque voy haciendo amigos, porque no me costaba nada y porque entre los que llevamos hierrecitos nos tenemos que apoyar. El chaval iba buscando un regalo para su hermana. Nos dijo que tenía 24 años pero cuando se metió en una tienda de ropa para niños y pidió un suéter tamaño niña de 16 años, no tuvimos más remedio que preguntar otra vez qué edad tenía la hermana. ``24 años'' -dijo de nuevo. La cosa pasó a mayores cuando llamó a su madre, estuvo hablando con ella un momento, y nos dijo que tenía que volver a la tienda porque había comprado el suéter demasiado grande. Priscilla y yo concluímos que, o bien a la hermanita le gustaba ir provocando por ahí, o bien tenía un serio problema hormonal. Esto es una jaula de grillos.
Hablando de todo un poco, hay un chaval en la residencia que tiene una gallina en su habitación. Estaba yo jugando al billar con las portuguesas cuando viene el tío y les dice que por qué no van a su habitación, que tiene una gallina allí y que está mala. Yo pensé que no había oído un truco tan malo jamás por dos motivos: porque las portuguesas no picaron, y porque a mí nunca se me habría ocurrido. Las portuguesas no picaron, pero yo sí y me subí a verlo. Efectivamente, allí, en su propia habitación, en aquel reducido espacio y dentro de un carro de compra del Carrefour lleno de paja, tenía el payo una gallina. Como el avispado lector supondrá, aquello olía a granja que no veas, y sobre si la gallina estaba mala o no, el tío me señaló el trasero de la gallina y la verdad es que, yo no entiendo mucho, pero tenía el culo todo rojo y parecía como que se le caían las plumas. De nuevo el avispado lector no podrá sino dejar volar su escatológica imaginación. Al respecto sólo diré que si hubiera sido una cabra o un cerdo, no me hubiera extrañado nada, pero joder, una gallina... no creo que esté la cosa tan mal. Seguiré informando.
Como los fines de semana aparcar en Nantes en cosa jodida, aparqué en el parking del puto centro. Con dos cojones, un día es un día. Yo creía que me iban a matar al pagar a la salida, pero estuvimos de 12 a 7pm y apenas costó 600 pelas. Increíble. 600 pelas cuestan dos horas en el peor parking de Valencia. El Twingo aquí es el puto amo de la carretera y probablemente uno de los coches más vendidos en Francia, por lo menos en Nantes. Un apunte para los que vienen a verme en Mercedes: las plazas de parking son tamaño Twingo (por lo visto es el estándar) y hasta a mí me costó meterlo. Las rampas y demás sitios de acceso hasta la plaza están marcados con pintura de coches probablemente más grandes. Habrá que ver qué hacemos. Buá, te ha tocado el maletero del Twingo. De todas maneras, ya han quitado la feria y ha quedado un parking bastante apañado en pleno centro, así que podemos probar. Y esto es sólo los Sábados, entre semana no es tan jodido, dicen los entendidos.
Priscilla no está pegando ni chapa en Angers. Está haciendo una especie de máster del que el proyecto es sólo una parte. Sólo está obligada a ir a clase los Miércoles por la mañana. Su proyecto consiste en hacer una página web sobre la universidad junto con otras tres personas más. Digo yo que tendrán que meter más gente a trabajar en el proyecto ese, que cuatro personas no darán a basto. A cambio, su residencia es una mierda: la chambre es tipo celda, con camastro a un lado, lavabo al otro y ratas por enmedio. El baño es comunitario, tres duchas para 40 personas, creo que me dijo. La cocina es unipersonal: uno cocina, sale y se va a comer a su habitación. Además dice que su vecino es el único que tiene vida social, porque está tirado en la moqueta del pasillo fumando canutos y oyendo rap con los colegas. Dice que pedirles que se aparten cuando va en batín de camino a la ducha es uno de los mejores momentos del día. Ella dice que aquí estoy en la gloria, pero casi que se lo cambiaba por levantarme todos los días a la hora que quisiera.
El sábado noche salimos con la amiga de la amiga que vino con Priscilla. Se juntan una docena de españoles y se van por ahí. De las tías, había alguna que enlazaba palabras con un cierto sentido gramatical, mientras que los tíos eran los tres subnormales irremediablemente perdidos. Todos de Económicas, que por lo visto va escasa de material y exporta lo mejorcito que tiene. Una chica me comentó que llevaba aquí un mes y todavía no habían empezado las clases, que el Martes que viene se reunían para ver si empezaban ya y que, cuando lo hicieran, sería primero sólo un par de días a la semana y que luego irían cogiéndose poco a poco, no fuera a ser que se les rompiera alguna correa de un sobre esfuerzo. El resto me contaron que hacían bastantes horas pero que se las podían pelar y que, por supuesto, todos los Viernes tenían fiesta, que acababan muy agotados después de calcular tanto tipo de interés y tanta tasa de inflación. Yo decía que sí, que claro, que era normal. Concluí que, por lo visto, yo era el erasmus más gilipollas del nutrido grupo, y además con diferencia. Espero que el Universo compense tanto puteo con una larga vida de vicios y sobre todo mucha pasta. De lo contrario se me va a quedar un rictus de gilipollas cuando me muera que no me lo van a quitar ni a hostias.
La noche fue bastante coñazo. Si no llega a ser por Priscilla que lo animó un poco, yo no hubiera aguantado ni diez minutos. Primero fuimos al bar La Gárgola, el bar que más mola. Era un bar de chupitos que estaba increíblemente petado. Eran las 12:30am y la gente llevaba ya un cegazo increíble: se metían los golpeaos de dos en dos, gritaban y bailaban encima de las mesas. El alcohol volaba en todas direcciones porque el trancazo les impedía acertarse en la boca con el chupito que intentaban lanzarse al gaznate. Yo iba de punta en blanco y con mi amada gabardina puesta, y lo primero que pensé fue que me convendría preguntarle a alguien cómo se decía tintorería en francés. Cuando algunos cigarros pasaron rozando mi inmaculada gabardina, pensé que aún iba a tener suerte, porque ya sabía cómo se decía basura en gabacho, que era adonde iba a ir a parar la gabardina después de aquello. Afortunadamente, al "cerebro" del grupo se le ocurrió que allí no cabíamos la quincena entera y que convenía buscar otra buát (boite, disco o bareto de mala muerte).
El siguiente antro fue un bareto de salsa con un pretencioso nombre español que es una lástima que no recuerde. Cuando salíamos de La Gárgola pensaba que iba a ser jodido encontrar algo peor, pero aquel tugurio de salsa colmaba mis peores pesadillas con creces. Primero sonó "El tiburón", luego "El camaleón", y luego una serie de éxitos veraniegos que jamás hubiera pensado que salieran de los garitos playeros españoles. Las tías españolas dejaron los abrigos donde pudieron y empezaron a bailar. Yo no me lo creía: sin una gota de alcohol en su cuerpo se sacudían como si las estuvieran exorzizando o como si se acabaran de meter un trago de lejía. Afortunadamente, tampoco allí cabíamos pese al tamaño del local, y el éxtasis inicial no tardó en tornarse en consternación ante lo evidente, así que dejamos aquella pesadilla sudaca con gran alegría por mi parte.
La siguiente escala fue la vil (la ville, la villa), una disco no muy grande pero bastante pija. Música electrónica, las españolas sacudiendo las mollas con descaro, la gente con un pedal de la hostia gritando como si estuvieran locos y yo maldiciendo mi estampa. Con decir que la música que eligieron para encender las luces y tirarnos de allí fue "Son of a preacher man" de Aretha Franklin, queda todo dicho. Sin embargo, había algo allí que no encajaba: cada vez que entrábamos en un sitio el patrón era el mismo. La gente dejaba los abrigos donde podía y se ponía a menear. Nadie en ningún momento hizo amago de pedirse un copazo, y como quiera que la sed y la enajenación empezaban a hacer mella en mí, decidí ir a descubrir el pastel: las cervezas de botellín a 750 pelas y los copazos a 1000 (6 euros). Aun así, Pris y yo decidimos que un día era un día y que, o nos llevábamos algo al gaznate o nos íbamos, así que pedimos un copazo con gran pesar en el alma. Un rato después, a las 2, nos tiraban de allí.
Por último, recalamos en le loft (desván en inglés), el disco-bar más pijo de todo Nantes en dura pugna con el anterior. En este hasta tuvimos que hacer cola para entrar y tuvimos que esperar la bendición del segurata para pasar al horno que era aquello. Al menos allí la música era decente. Al entrar vi que había gente que tenía botellas de whisky en las mesas, así que le pregunté a un gabacho que hablaba un español de Carabanchel que te cagabas por aquel fenómeno. Me dijo que, por unos mil duros, uno podía comprar una botella entera con mezcla y mamársela allí, la botella. Le dije que aquello no podía ser, que se juntaban cinco amigos y que aquello salía demasiado rentable. Me dijo que iba a preguntarlo y que ahora volvía. Al rato volvió y me dijo que tenía razón, que las botellas valían 10.000 (diez mil) pelas. Yo que, a aquellas alturas de la noche no esperaba sorpenderme ya de nada, creí no haber entendido bien, así que me lo tuvo que repetir un par de veces. El grupo de españolitos no bebió NI GOTA en toda la noche. Aquello fue increíble. Yo ni siquiera tuve que ir al baño.
De toda esta experiencia se pueden extraer varias conclusiones:
Más sobre los mosquitos. Priscilla también los tiene y los llama mosquitos-mano, sin duda un nombre muy apropiado por el tamaño que tienen. Al principio me hacían gracia porque no pican, pero me están empezando a tocar los cojones. Se ve que les ha gustado el final del pasillo, porque vienen a morirse todos a la puerta de mi habitación, que parece ya un cementerio de elefantes. Los cabrones son tan gordos que a menudo no pueden ni levantar el vuelo, con lo cual si los tienes sobrevolándote en plena cena las posibilidades de que acaben en la sopa son próximas al 100%. A ver si domestico a media docena y que me hagan la cama. Lo de poner la lavadora ya lo haré yo, que hay que ir a comprar las fichas y ya es más complicado. Mañana o pasado haré una colada con la poca ropa sucia que tengo y las toallas y el pijama. Cuando se vayan estos lavaré la ropa de cama. No sé cómo nos vamos a meter los seis aquí. He estado haciendo pruebas y creo que podré agenciarme un par de colchones más y poner dos y que duerman cuatro en dos colchones a lo largo, y el que conduzca al día siguiente que duerma en un colchón en el pasillito. Como alguien tenga que ir al baño en mitad de la noche, esto va a ser un festival.
La ducha. Hace una semana o así me corté el pelo yo mismo, con estas manitas. No ha quedado mal, pero me metí en la ducha a quitarme los pelos y se conoce que el desagüe no soportó tanta presión. Los primeros días el agua iba subiendo en la cubeta poco a poco, pero cada vez las duchas se hacían más cortas ante el riesgo evidente de desbordamiento. Solución: como no se podía quitar la piña del desagüe, se compra un producto químico desatascador de alta potencia en el Carrefour y, a ser posible, barato. Curiosamente no encontré nada parecido, pero sí unas botellas de lejía que juraban y perjuraban en la etiqueta que destascaban que daba gusto. Se debían de referir a instestinos estreñidos. Vacié toda la botella desagüe abajo y pude comprobar que no sólo no desatascaba, sino que aquello dejó de tragar de una vez por todas. Probé la navajita McGyver y otros mil inventos. Al final, con las uñas, pude quitar la plaquita del desagüe que ya, a aquellas alturas, debía tener truco por cojones. Desmonté y salió una bola de pelo descomunal. Volví a montar y la ducha ya funciona de puta madre. Si es que no hay nada como ser ingeniero, coño. Y ahora, con el proyecto este, ya me voy a salir.
Para colmo de males, me acaba de llamar Luis desde Paris. Va a estar allí dos años en un Campus de puta madre haciendo nosequé master. El tío dice que la universidad es cojonuda, que día sí día no hay fiesta en el mismo campus y que no va a pegar ni chapa. Me pregunta qué voy a hacer los diez días estos que hay de vacaciones el mes que viene. Le digo que aquí todos tienen vacaciones menos los que hacen proyecto. Confirmado: soy el Erasmus más pringado de toda la promoción.
Última hora: he cenado y he estado viendo Urgencias un rato en la tele y haciendo algo de vida social. Luego, a eso de las 11:30, me he puesto a tocar la guitarreta porque me apetecía y hacía tiempo que no me daba el gustillo. No estaba tocando alto precisamente. Pues bien, me han llamado del bugó des elev (la oficina de los estudiantes), que si era yo el que estaba tocando la guitarra. Les digo que sí, que si tienen alguna petición especial, que me sé una del Fary. Me dicen que no, que lo que pasa es que les molesta, que si puedo parar sivuplé. Para que veáis cómo las gastan aquí. Iba a cagar ahora, pero igual a los señoritos les molesta el estruendo de los truños golpeando el agua, así que mejor lo dejo para mañana. Ahivalahostia...
En fin, para los que van a venir a verme:
Antes de pasar a deciros lo que debéis y lo que no debéis traer, voy a intentar convenceros de que vengáis el Miércoles noche y no un día antes.
Si venís el Martes noche me jodéis: me tengo que pelar el laboratorio el Miércoles, el Jueves y el Viernes. Dado que el último día, mientras mi compañero resolvía el proyecto, yo hacía café, navegaba por internet viendo los vídeos de Javi y Lucy y bregaba con la resaca y las ganas de dormir, en el laboratorio están un poco moscas con mi comportamiento. Por algún curioso motivo, parece que esperan más de mí. Si venís el Martes noche, me acabaré pelando los tres días y me van a dar un toque de puta madre. Me diréis que podéis ver Nantes solos, pero eso no es justo, cabrones.
Si venís el Martes noche, sólo saldréis el Jueves noche, ya que si os piráis el Sábado ya me dirás la fiesta que seréis capaces de tragar el Viernes noche. Los Jueves suele haber alguna suaré por ahí, pero no es seguro, con lo cual os podéis quedar sin salir ningún día.
Esto no es la residencia del Chano (o sí): aquí a las 11 de la noche no queda ni una puta alma, y sólo hay mosquitos gigantes pululando por los pasillos. Eso no es todo: si además montáis bronca, algún cabrón llamará desde su habitación al responsable y se me caerá el pelo. Con un poco de suerte, no hará falta que nadie llame al responsable porque no duerme lejos de mi piso y nos oirá, con lo cual se me caerá el pelo igualmente. Y sólo os pido DOS cosas:
En fin, yo más no os puedo decir. Si venís el Martes noche y encima tenéis ganas de bronca, es fácil que no acabe el mes ni en la residencia ni en la escuela. Haced un esfuerzo y quedaos hasta el Domingo, por dios. Teniendo en cuenta que la mayoría sois parásitos parados de la sociedad, os lo podéis permitir. Y tú, Chorreta, tírate al rollo, anda.
Lo que debéis y no debéis traer:
Hasta Nantes está tirado, es todo recto. Una vez lleguéis a Nantes y salgáis de la otogút, pedid en el peaje un petí plá dú perifégiq (cinturón de la periferia de Nantes). Tenéis que entrar en dirección este y salir por la 45 creo que es (no lo tengo ahora a mano). En cualquier caso es la salida de Carquefou. Tened cuidado porque en el mapa está un poco confuso y se confunde la salida de Carquefou con la Porte de Anjou (o algo así). Yo me lie y salí por está última y fue un infierno. Y recordad: Carquefou, ¡no Carrefour!
Si salís por donde toca, no tardaréis en ver señales hacia el ICAM. No son muy grandes, así que ojo. Si os veis muy mal, tiráis a Carquefou pueblo y yo iré a recogeros, pero no creo que la cosa sea tan grave.
El ICAM está en una callejuela chunga. A un lado está la escuela y al otro no hay más que cañas y mierda. Reconoceréis la calle en cuanto la veáis. Hay dos entradas, una para la escuela y otra para la residencia. La buena es la de la resi: tiene unas piedras a los lados y una barrera de garaje de esas de rayas rojas y blancas y que se levanta. Cuando lleguéis a ella me dais un toque y bajaré a abriros, ya que se necesita una tarjeta especial. De todas maneras, calcularé y llamaré al móvil de la Chorreta (gratis para ti, no te preocupes) para ver cómo y por dónde vais. Espero no haya problemas. Por la autopista le podéis dar caña que van como posesos. No bajéis de 140 u os pasarán todos.
Voy a ver si me entero bien y que me llame el Chano el día antes por si hubiera algún cambio en las instrucciones, pero creo que es correcto. La dirección del ICAM es:
33 Rue de Maneouvres, Carquefou
pero supongo que no servirá de nada. Si os véis en apuros preguntáis por el ICAM (l'ICAM, sivuplé). Eso hice yo. Vosotros por lo menos tenéis al Chano que habla por los codos.
Nada más, nos vemos el MIERCOLES noche.
Ha pasado ya más de una semana desde la última entrada en el Diario de Nantes, y la verdad es que parece un mes con todas las cosas que han pasado. Casi no me acuerdo de lo que sucedió antes de que llegaran estos, así que contaré más o menos lo que pasó cuando llegaron aquí.
Después de doce horas de carretera, y a eso de las 9 de la noche, llegan en un Mercedes a la residencia ``Er Chano'', el Coco, el Buá, el Virus y la Chorreta; ni uno con nombre normal. El Chano y el Buá subieron a por mí a la habitación, y cuando bajo me encuentro el Mercedes en mitad del aparcamiento con los warnings puestos, las cuatro puertas abiertas, y cuatro locos bailando el "Yo quiero ser matador" del Ruiseñor de las cumbres, un clásico de todos los tiempos tan sólo equiparable al "Soy minero" de Manolo Escobar. En ese momento vienen las españolas y la finlandesa del Carrefour y tiene lugar el primer momento "tierra trágame". A éste le seguirán muchos más. A pesar de haberse chupado 12 horitas de viaje los chicos venían con ganas de juerga, y afortunadamente había en la cafetería una suaré de los pulé (18 añitos) en la que pudieron ir a desfogarse.
Las españolas nos cedieron dos colchones, con lo cual había tres más mi cama. La primera noche fue la última que dormí en mi colchón. La habitación fue una pocilga desde el primer hasta el último momento y todavía hoy, dos días después, la alfombrilla del cuarto de baño sigue húmeda y apestando. Y gracias que la compré, que si no... Una anécdota graciosa fue que, subiendo los colchones, pasamos por delante de la cocina y pensamos que alguien estaba cocinando queso de cabrales. Sin embargo, a medida que nos acercábamos a mi habitación, el olor se iba haciendo más y más intenso, hasta que al final descubrimos con estupefacción que el hedor provenía de los calcetines del Chano, que tuvieron que ser arrojados al balcón del pasillo para poder respirar el poco aire no infecto que quedaba en la habitación. Sencillamente impresionante. Ni antrax ni pollas.
En la suaré, estos pudieron comprobar varias cosas:
La cosa fue un descojone y nos retiramos cuando nos tiraron, a eso de las 2:30. Aquí es fácil cerrar los garitos: sólo hay que tenerse de pie hasta eso de las dos, cosa bastante sencilla para un español pero, a juzgar por la gente inconsciente por el suelo, todo un reto para los franceses. Aún pletóricos de fuerza, subimos a mi chambre los seis, las dos españolas y dos franceses que no salían ni con agua caliente. Todavía amargados ante el rechazo del CD de España Cañí, decidimos poner "Campanera" a toda hostia en el portátil. Miércoles, residencia ICAM, 2:30am. Como no podía ser de otra manera, el teléfono comenzó a sonar. "Aquí no hay nadie" dije yo, pensando que así nos asegurábamos de que nadie nos localizaba. Como es lógico, cinco minutos después, el barbas responsable de la residencia aporreaba la puerta. Tras un breve y convincente discurso en ininteligible gabacho y con gesto congestionado, se retiró de la puerta. Como quiera que nadie le hizo ni puto caso, viendo que de allí no salía nadie y que la música volvía a sonar a todo trapo, aporreó la puerta de nuevo. Esta vez sí que entendí algunas frases, entre las que figuraban "Javier, ¿quieres buscarte otro sito para dormir?" o "Mañana por la mañana quiero hablar contigo en mi oficina". Afortunadamente, desde la puerta debía parecer que sólo había las cuatro personas que se veía, porque si llega a saber que somos diez, nos saca a hostias y me pone silicona en la cerradura. Después de eso, ya poco más; acostarnos con calma e intentar que el Coco no alzara la voz por encima de los 80 decibelios, que costó lo suyo.
Al día siguiente busqué al tío para excusarme, pero no lo encontré. Tampoco estaba por la tarde, así que decidí que me escurriría y así estamos a día de hoy, Lunes. De todas maneras, he estado hablando con gente y me han dicho todos que ni puto caso, que eso pasa día sí día no. Me han contado que el tío le pega al chinchorro que no veas, y que se ha llegado a dar el caso de montar un número de estos y al día siguiente no acordarse. La próxima vez que lo vea haré lo de siempre: le saludaré efusivamente (porque el tío me come aquí) y haré como que hoy paz y mañana gloria (o algo así). Si me dice algo, entonces es cuando me desharé en excusas. El caso es que, apenas unas horas después de llegar estos, yo ya tenía un pie fuera de la residencia. Y se quedaban tres días más...
A las 8:45 de la mañana del día siguiente suena el teléfono: un compañero del laboratorio preguntando si voy a ir, y eso que el tío ya sabía que no. Yo, medio despierto medio en sueños, medio en español medio en francés, lo mando a cagar (safessié!, es todo lo que recuerdo). Luego me lo encuentro a la hora de comer y resulta que no había llamado él, sino el profesor. Tremenda cagada. Estos llevan apenas 12 horas aquí y ya tengo un pie fuera de la resi y el otro fuera del laboratorio. Los acontecimientos se precipitan y nos adelantamos vertiginosamente sobre el calendario previsto. Salimos sin que me vean en el laboratorio y pasamos el día en Nantes. Por la noche vamos a una fiesta Erasmus en la ciudad que resulta ser un coñazo y optamos por ir a una fiesta de la escuela de veterinaria que resulta no existir. Esto marcha. Pasamos un rato en la cocina de las españolas en la otra punta de la residencia, ya que no quería ver al barbas ni en pintura, y luego a la cama, que el día ha sido muy largo.
Al día siguiente visita a los castillos del Loire. Nos levantamos tarde y los castillos están a tomar por el culo. Hacemos 525 km en total para ver un castillo por dentro y dos o tres por fuera. El Mercedes (La Bestia) traga gasolina como un poseso (de cero a cien en tres euros, era la broma del viaje). A pesar de la visita frustrada a los castillos de la luag, el día es cojonudo y nos lo pasamos de miedo.
Por la mañana me despierta de nuevo el teléfono. Como me imagino de qué va, no lo cojo. Para mi sorpresa, suena el móvil. Como sigo imaginándome de qué va, tampoco lo cojo. Cuando me levanto consulto el buzón de voz y, alguien que identifico como mi profesor, con una voz muy seria, dice algo de que ya vale de no ir al laboratorio y que me quiere ver por la tarde en su despacho. Sólo unas breves risas en el fondo de la grabación impiden que me cague encima. Al final resultó ser el profesor, pero en plan "hiper"-cachondo, haciéndose pasar por el director de la escuela. Menos mal que mi limitado francés me privó esta vez de unos buenos momentos de congojo. Conservad la ignorancia ya que os proporcionará la felicidad. Tomad nota.
Viernes noche por fin fiesta de Veterninaria. Aprendidas todas las lecciones sobre las fiestas en Nantes, cargamos con una botella de Vodka y otra de Whisky, ambas King Size (un litro). Es increíble lo rápido que se pueden acabar las botellas de litro cuando uno llega tarde a una fiesta de Veterinaria. En diez minutos allí no quedaba ni gota, y entramos en el recinto entre vapores etílicos. Desparrame total: la Chorreta, en una de sus mejores noches, baila con todos y con todas, está a punto de cargarse un muñeco del Ronald McDonalds, llama piltrafilla al disc jockey doce veces y le recrimina en castellano que no ponga nada español, llama piltrafillas a treinta personas más... en definitiva, la lía. El resto no se queda atrás y la suaré resulta ser un exitazo, aunque nadie liga a pesar de llamar hijas de puta en su cara a varias francesas y a otras de nacionalidades varias. Nos acostamos a las cinco de la mañana intentando mantener callado al Coco y parece ser que hoy tampoco va a subir el barbas. Quizá acabe el fin de semana durmiendo en la residencia después de todo.
El Sábado dio poco de si, ya que nos levantamos tarde y lo único que nos salió fue ir a Angers a pasar el día. El castillo está cojonudo, pero como aquí lo cierran todo a las seis, pues como que por fuera luce más. Hay que joderse.
El Domingo, a las 6 de la mañana, éstos recogían velas y dejaban mi habitación hecha una mierda. Me pasé todo el día viendo como llovía y quitando mierda de todos los rincones.
Corto aquí porque llevo unos días a tutiplén y no tengo ganas ni de escribir. Veré si vuelvo a la carga el Domingo, el día más largo de la semana.
Hoy ha sido un día cojonudo, me lo he pasado de puta madre. Seguro que ha sido el sol. Aquí la norma diaria es que esté bastante nublado y que de vez en cuando caigan ráfagas o, en el mejor de los casos, una leve cortinilla calabobos. Pero hoy no. Hoy ha sido uno de esos días que en España hay a patadas, que nadie sabe apreciar y que aquí saben a gloria. Ya pueden joderte todo lo que quieran que, mientras tengas un rayo de sol en la chepa, la sonrisa no te la quita nadie. A los gabachos se les hace raro cuando se lo cuento y me miran mal. Para ellos, cuando hace sol, hace mucho calor. A ver si hay suerte y pasan calor este invierno...
La gallina ha muerto. El otro día me encontré al propietario jugando al billar y le dije de coña "sa goule le pul?" (cómo va la gallina? en gabacho, aunque con un juego de palabras que no veas, que ya voy dominando que da gusto y hasta me permito licencias artísticas). Mientras me quitaba la gabardina, el tío me dice riéndose que se ha muerto, que se la han comido. Así que, o bien los vínculos afectivos no eran tan estrechos, o el tío es el Hannibal Leckter de la resi. Me inclino por lo segundo, porque si tener una gallina en la habitación en un carro del Carrefour no es tenerle cariño al animalico, que baje Dios y que lo vea.
En fin, se acabó la gallina. La culpa es de las portuguesas, por no subir a su habitación a hacerle una exploración rectal. Digo lo de la exploración rectal porque esto de cenar con españolas veterinarias es todo un mundo. Contaban que el otro día las llevaron a una granja a hacer exploraciones rectales a las vacas. Hasta el hombro dicen que meten, toda una delicia cuando estás cenando albóndigas. La verdad es que no me puedo quejar: prefiero vaguear por internet y buscar cosas en libros. No, si aún habré tenido suerte.
El laboratorio va viento en popa. Hoy no había internet, no se sabe muy bien si por la tormenta de anoche o por una macro infección de virus. El puto Nimda está causando estragos. Sin conexión a internet, hoy la productividad de la escuela debe de haber subido un 50% lo menos. Como se convierta en norma entonces es seguro que lo hacen adrede. De mis dos compañeros, el que pega menos chapa que yo se dedica a jugar a jueguecitos por internet y a bajarse vídeos. Hoy lo han jodido vivo a pesar de que había sol. El otro no para: ha hecho unas modificaciones en los planos y a última hora de la tarde ha imprimido una sección de la cinta transportadora a tamaño natural. Una virguería. Yo lo he validado con un leve levantamiento de ceja derecha, que no se note que flipo en colores. Cansado de vaguear, y teniendo la oportunidad de aprender a manejar el Pro Engineer, programita de marras, hace un par de días que decidí dedicar mi tiempo y mi esfuerzo a sentarme y echarle horas al tema, y la verdad es que en tres días la cosa cunde. Ya hago unas piezas que no veas, las ensamblo y quedan de cojones. Luego hago despieces y quedan ya de la hostia. Mañana me toca aprender a poner los trastos en un plano, pero no parece demasiado complicado. Hoy ha venido uno de los profesores, que se ve que se había enterado de que estoy haciendo un cursillo acelerado por mi cuenta, y me ha endiñado unos planos a mano de una pieza para que se los hiciera en Pro Eng. Ha costado un poco porque tenía alguna mariconada, pero como no había internet, Gataf, mi compañero de no pegar chapa, se ha entretenido echándome una mano.
Y luego la bomba: ni siquiera me había dado cuenta de la hora cuando me han dicho que era Jueves, que salíamos ya de allí (con lo entretenido que estaba con el Pro Eng) y que había partidito de fútbol. Ocho contra ocho, campo grande de césped y partido pachanguero con lucimiento espectacular del astro español. Mi nivel de fútbol es medio, pero hoy me he salido. Lo he cortado todo, he hecho dos pases desde el centro del campo que han acabado en gol directo y, la guinda, he metido un gol de cabeza por la cepa del poste largo que los tíos han alucinado en colores. No se oían más que "Oh la lá", enorm!, superb!, ggoyal!, "sepaspañol, se brasiliá". En fin, que me tienen en el altar del fútbol del ICAM. Ya veremos lo que dura...
Las portuguesas. Una de ellas, la que está menos bien (es que están las dos que crujen), se ha echado novio aquí. Como iban todo el día juntas, ahora la otra pobrecilla se encontraba sola y desconsolada, así que miel sobre hojuelas, diréis. Pues no. Resulta que la tía tiene novio, y además el tío está aquí, que ha venido a verla el cabrón. En fin, ya se sabe que las relaciones durante los Erasmus se van todas a pique, pero como todo lo que yo había oído sobre las becas Erasmus ha resultado ser mentira cochina, me temo lo peor. En fin, paciencia y una caña, como todo.
Como podéis ver, después y a pesar de la visita de los españolitos, sigo en la residencia. Todavía no he hablado con el Barbas ni creo que lo haga ya. Probablemente el tío ni se acuerde. Hoy es la primera vez que me lo he cruzado a bocajarro desde el suceso y el tío me ha ignorado, aunque hay que decir que iba hablando por el móvil. Quizá la próxima vez no tenga tanta suerte. Y es que no me había fijado, pero entre su casa y mi chambre sólo hay dos pisos de diferencia. Vivo justo encima de su comedor. Con razón el tío se molesta tanto cuando hago algo de ruido. Quizá fuera él la vez aquella de la guitarra.
Respecto a la pelada de dos días de laboratorio de cuando vinieron estos, todo se ha arreglado con dos aperos, uno por día. Para el que no lo sepa, un apero consiste en pagar algo de beber, fundamentalmente alcohólico, y algo de picar. El primer día dije "estos van a ver lo que es bueno", y saqué lo que había quedado de fiambre ibérico pura cepa de la visita cañí. Estuve media hora cortando jamón, queso y choricito. Presentación tipo Arzak, platos de plástico de lujo, todo un derroche para los sentidos. Pues bien, el jamón me lo tuve que acabar yo y encima se quejaron porque no había llevado nada para beber. Solución: al día siguiente, un botellín de cerveza a cada uno, cacahuetes Carrefour a mansalva y los tíos más contentos que unas pascuas. Vivir para ver. ¿He dicho ya lo de que están gilipollas?
Hoy, para celebrar mi primer mes aquí, he decidido lavar las toallas, la ropa de cama y el pijama. Llevaba ya un mes metiéndome por el mismo agujero, y la verdad es que ya daba un poco de angustia. Las sábanas tenían forma de crisálida y el pijama había días que salía de la cama antes que yo. Algunos pensaréis que soy un guarro (sobre todo mi madre) y, si bien no os falta razón, tengo tremendas excusas que me salvaguardan de toda crítica voraz. Hay tres lavadoras para trescientas personas, sólo funcionan dos y las tías no paran. Es difícil pillar una estando todo el día en el laboratorio, y además hay que comprar las fichas en el buró des elev, lo cual es un coñazo porque, o no hay nadie, o no tienen. Hoy sólo tenían fichas para la secadora, que si quería. Le pregunto al payo que qué hago con una de esas fichas y me dice que secar, el muy cachondo. Ya, igual tú sólo secas la ropa, guarro cabrón, pero los hay que la lavamos antes, por cerdos profesionales que seamos. El caso es que al final una de las españolas me ha dejado una ficha y ahora, a las doce de la noche, la secadora ha dejado por fin de dar vueltas. Dos horas le ha costado a la hija de puta secar cuatro harapos. Acabaría antes con un rodillo de los de antaño. Eso sí, entre pétalos de rosa voy a dormir esta noche. Y ya veremos la ropa cuándo la lavo, que ya empieza a gemir desde el armario. Esto es un lío. Aquí nunca hay tiempo para nada. No sé si es la cultura gabacha, la marcha que empieza los miércoles noche o el horario laboratorial de ocho horas diarias. Probablemente sea todo.
Descojone en el laboratorio. Los chavales que están haciendo el horno para Danone la han giñado. El suelo del horno va sobre una pieza compuesta por una corona dentada que reposa sobre otra corona más grande y sin dientes, y sobre la que gira. Pues bien, los tíos tomaron sólo las medidas de la corona grande, y al ir a montar las piezas del sistema de nivelado que han inventado, éstas topan con los piños de la corona interior. Así que, o no se ponen las piezas, o se deja el horno sin girar. Lo mejor es que estamos a Martes y tienen que ir el Sábado a montarlo a la fábrica. Afortunadamente, las piezas son sencillas y las van a poder hacer ellos mismos antes del sábado, pero el descojone ha sido importante por parte del resto del laboratorio.
Y es que aquí la mayoría de las piezas se las hacen ellos mismos. Yo flipé el otro día que fui al taller. Estaba el chaval con su mono azul bajado hasta la cintura, un pie encima de una caja de cartón, la máquina de fresado a toda hostia y el pollo dándole a las palancas como si estuviera llevando el autobús del colegio. Le faltaba el cigarrito. En la pantallita, las coordenadas; una pasadita de fresa por aquí, otra por allí... lo de todos los días, vamos. Y el colega en otra máquina haciendo taladros roscados como quien hace churros. De piedra se quedaron cuando les dije que en mi universidad las máquinas esas se veían en las fotos de los libros, y que las fotos eran tan malas que ni sabía realmente qué forma tenían. Acojonante.
En los últimos días hemos estado teniendo en Productique visitas de los poulé. Vienen en grupos de 10 ó 15 con un profesor, y cada binomio explica de qué va su proyecto, enseña unos cuantos planos y se luce. Afortunadamente, como mi francés es aún limitado (me pregunto cuándo dejará de serlo), no tengo que hacer ninguna exposición. Los chiquillos entran calladitos, y los más atrevidos hablan entre ellos como si aquello fuera un hospital. Se nota un ambiente de respeto y de admiración de la hostia. Lo que no saben es que los hemos visto venir, que hemos quitado todas las guarradas de los ordenadores, hemos apagado la música (que estaba a toda pastilla) y que hemos guardado la caja de cervezas del último apero debajo de una mesa. No queremos romper el mito. Por otra parte, me han dicho que en la próxima visita me toca explicar el tema de la pizarra con los nombres, las estrellas y cómo funciona lo de los aperos. A ver si estoy inspirado o a ver si se han acabado las visitas.
Algunas de las niñitas que vienen en los grupos (se nota que en los primeros cursos de ingeniería el porcentaje niños/niñas va mejorando) no están nada mal. A uno le dan ganas de aprovecharse de la situación y tirar unos tejos, pero es que tienen 18 añitos y yo voy ya para 26. Por supuesto, todos estos reparos no serán más que una lejana bruma de aquí un mes si las cosas siguen a este ritmo. Y es que, aquí, con 18 años ya tienen para enseñar. A mí seguro.
El tema de los aperos empieza a desbocarse: por cada tres estrellas toca pagar un apero. En principio, te cae una estrella por cada quince minutos que llegas tarde hasta un máximo de tres por día. Es divertivo ver cómo avanza el reloj por la mañana y cómo vas colgando estrellitas mientras te deshuevas pensando en el momento en que llegue el pringao. Esta mañana le han caído tres a uno por llegar una hora tarde. Yo, cuando vea que me voy a retrasar más de media hora, ya me pelo el día entero. Ya que me van a meter tres estrellas, por lo menos aprovecho y me voy de vacaciones. El caso es que también se adjudican estrellas por comportamiento penible que dicen aquí (penoso es la traducción). Esto es: por no estar a la hora en que se despacha el apero, por hablar en centímetros en vez de en milímetros (esto es lo que más descojona), por no traer nada de picar al apero y sólo bebida, y nuevas reglas que van añadiéndose cada día. Por ello, es normal ya que caigan varias estrellas en un día, y el apelotonamiento de aperos es ya tal que va a hacer falta montar un planning para sacarlos todos adelante. Lo que me está empezando a mosquear es que hay varias personas que tienen ya tres estrellas o más y que no pagan, mientras que los dos días que falté yo cuando vino la jauría, los pagué religiosamente, uno detrás de otro. Como no empiece a rular la ronda de aperos, yo voy a pasar: me voy a tomar unos días de vacaciones y luego les van a dar por culo a las estrellitas.
Lo del tiempo es increíble, aquí siempre llueve. Da igual que haya muchas o pocas nubes, la cortinita no te la va a quitar nadie. Eso simplifica bastante la elección de la ropa, que se limita a si los calcetines que te vas a poner van a ser gordos o no. Imagino que cuando empiece la temorada de los pingüinos, la duda será entre llevar los gallumbos normales o los de cuello vuelto. Pero llover llover, siempre llueve. El asfalto está siempre mojado, da igual si ha llovido antes o no; se ve que lo ponen ya así, mojado. Eso no es impedimento para que los tíos vayan a toda hostia y se den unas leches por deslizamiento de cuidado. Sin ir más lejos uno de mis colegas recibió tres estrellas después de haberse dado un piñazo con el coche el otro día (nada serio). Lo de las estrellas es sagrado. Caer, caen. Otra cosa es ver si luego el responsable se porta.
Ayer fue el día más largo de toda mi vida en Nantes. El laboratorio no duró 8 horas, duró 16. Fue algo acojonante. El miércoles por la noche hacían el PSV Eindovhen- Nantes, así que bajé a ver la segunda parte y a hacer algo de vida social en el bar. La cosa estuvo bastante bien y estuve charrando un buen rato y pasando del fútbol. Cuando acabó el tema salí y me encontré con los pulé que jugaban al billar (qué raro). Me enrollaron para una partidita y luego me invitaron a subir a la habitación de uno. Allí me sirvieron un copazo y estuvimos hablando un rato. Aquí se descojonan con el hecho de que mi segundo apellido sea Ricart, ya que tiene cierta resemblanza con el aperitivo Ricard, bastante famoso por aquí. Yo, que ya tengo la bromita preparada, les digo que en España somos unos borrachos, y que allí es normal tener nombre, apellido y sponsor. Fue una de mis primeras bromas gabachas, y no falla. Descojone garantizado. Luego me llevaron a una cocina en la que por lo visto la estaban montando. Y efectivamente, la estaban montando. La residencia es bastante más grande de lo que yo pensaba, y me llevaron por unos complejos pasadizos de estructura laberíntica de los que me costó Dios y ayuda salir a la vuelta. Tras ver la juerga que había allí un miércoles por la noche, he llegado a la conclusión de que, además de ser el más pringao de los Erasmus, soy de los más pringaos de la residencia, compartiendo el honor con todos mis vecinos de escalera. La mayoría de los bloques de la residencia quedan lejos de la morada del barbas, y separados de la misma por gruesas puertas contra-incendio. De esta manera, pueden tirar la vajilla contra las paredes de la cocina o sacrificar una cabra sin que el barbudo se entere. Menudos cabrones. Estuve charrando y tomando un par de cosillas más pero me retiré pronto, ya que allí no había nada especial que hacer y al día siguiente había labomartirio. Aún así se me hicieron las 2 y media, sobre todo porque empleé un buen rato en alcanzar mi habitación a través de aquellos oscuros pasadizos de los que, afortunadamente, no salió ningún minotauro barbudo.
El jueves por la noche la española de Madrid me lio para ir a casa de un chaval en Nantes. Yo disfruto en las suarés esas, pero sólo van un par de gabachas decentes y todas tienen el tema solucionado, así que nunca les saco partido, siempre soy el último en salir y siempre, al día siguiente, hay laboratorio. Voy a tener que empezar a seleccionar cuidadosamente mis suarés, porque a mi edad los recursos son limitados y no es como para ir desperdiciando horas de sueño. A partir de ahora saldré sólo entre semana cuando haya posibilidades de pescar alguna gabacha, y ahora explicaré por qué.
El jueves tarde, como siempre, hubo fútbol, sólo que esta vez no lucía el sol precisamente. Yo, en cambio, volví a brillar con fuerza, lo que me hace inclinarme definitivamente por la teoría de que son más malos que frotarse las partes con un cardo. Yo no sé cómo Francia es campeona del mundo, porque tienen una cantera que no veas. Por otro lado, me pregunto cuánto durará esto del fútbol, porque de aquí nada cambian la hora y los partidos van a durar un cuarto de hora si es que la lluvia lo permite. El caso es que hacía bastante frío, y se conoce que me debí de resfriar, porque el labomartirio del Viernes fue algo increíble, digno de figurar en los anales de la historia, el día más largo de mi corta estancia en Nantes, el infierno venido al ICAM.
Me desperté algo revenío, después de haber dormido cuatro horas el miércoles noche y tres el jueves noche. La garganta me dolía cómo si me hubiera restregado una toalla sucia (sé de qué hablo a estas alturas). Aún así, y con un par, hice el petate y enfilé hacia el labo. Me escocían los ojos como en la vida, y los debía de tener como tomates a juzgar por los comentarios de las tres primeras personas con las que me crucé. Efectivamente. Delante del espejo del baño pude comprobar que mis pobres ojillos lucían como si hubiera pasado la noche en mi habitación fumando té verde. Tenía el estómago revuelto y no me encontraba nada bien, pero decidí sentarme al ordenador y dejar pasar las horas mientras intentaba hacer algo de provecho. El tiempo pasaba lentamente por más que intentara entretenerme. Sin embargo, el día iba a deparar muchas sorpresas.
A las nueve, cuando parecía que los ojos volvían a caber en las cuencas pero el estómago no volvía a la normalidad a pesar de la manzanilla caliente, la primera en la frente: visita del Director del ICAM. Menudo hijoputa. Llevo más de un mes allí, ha habido días en los que he estado fresco como una rosa, oliendo a lavanda, con los ojos blancos como mi culo (bueno, mi culo es un mal ejemplo)... en fin, hecho un pincel. Pero no. El tío tiene que venir el peor día del año, cuando apenas puedo mantener los ojos abiertos y mucho menos blancos, cuando tengo la lengua de trapo y los calzoncillos se me suben por la raja del trasero. Pues eso, el tío entra, saluda, yo lo identifico a duras penas pero por el espesor del ambiente intuyo que se cuece algo gordo. Nos dice a los tres, que en ese momento estábamos sólos en el laboratorio, que nos sentemos, que vamos a hablar sobre el proyecto. Yo cojo una silla y hago amago de sentarme a su vera, así no me verá los luceros. Me dice: "No, no, siéntate delante mío que te quiero ver". "Agua va", me digo. Me siento, intento blanquear los ojos y esbozo mi mejor sonrisa. El tío empieza a preguntar sobre el proyecto, qué cómo va el temita, que si nos hemos puesto en el lugar del cliente y todas esas cosas. Yo, contra todo pronóstico, lo entiendo todo, así que asiento cuando todos asienten, me río cuando se ríen y hasta me tomo la libertad de hacer algunas aclaraciones y dar algunos apuntes suplementarios. Simplemente brillante, como mis globos oculares, dadas las circunstancias. Tras los momentos profesionales, la conversación se centra en mí. Me pregunta que si me he adaptado bien, que qué me parece esto, que si estoy disfrutando. "Sí, me lo estoy pasando de puta madre, pero no hoy" pienso para mis adentros, mientras le digo que todo es de color de rosa y que me los estoy pasando mucho mejor que Priscilla, que sólo va los miércoles a hacer el proyecto, o que el Juli, que después de un mes en Irlanda todavía no ha empezado el suyo. Me pregunta si mis compañeros de trabajo se portan bien y le digo que sí, que no se preocupe, que si me la gastan ya se lo diré, ya. Como broche, me pregunta que dónde vivo aquí. Le digo que en la resi, y que hace mucho frío. El tío se descojona de tal manera que se le ven hasta los empastes de las muelas del juicio. No le veo la gracia, ahora mismo, mientras escribo esto, tengo los pies helados. El payo recobra la compostura, se enjuga las lágrimas y me dice que no me preocupe, que de aquí nada ponen la calefacción. Le digo que llevan diciendo eso desde que llegué, y me dice que esto no es nada, que no me queje, que ya veré cuando bajemos de cero. Hago como que me río mientras tirito por dentro y se cierra el episodio del Director. Se baja el telón.
Como rápido y me voy a dormir la siesta. Me pego tal sobada que incluso sueño por primera vez. Cómo no, es una pesadilla, en la que me despierto a las cinco y me han caído tres estrellas. Para bien o para mal, el reloj me despierta a la 1:25pm y, limpiándome la babilla, me recompongo para la segunda parte. Más de lo mismo. Cuando parece que la tarde va transcurrir con tranquilidad, patapám, visita pulé. ¿Pero no se habían acabado ya? Sonrisitas, gestos de estar haciendo algo importante con algún libro de ingeniería y resignación, sobre todo resignación. Después de la visita todo transcurre interminable pero sosegadamente, y cuando llegan las cinco y media salgo disparado del labo para caer fulminado en la cama, de donde me sacarían mis colegas pulé tres horas más tarde para llevarme a cenar a su piso.
La cena estuvo interesante. Había un chaval pequeñito venido de la Normandía, y el tío era la puta enciclopedia Larousse. Yo quiero ir a la playa del desmbarco de Normandía y ver un poco todo el tema aquel, pero desde que llegué nadie ha sabido decirme el nombre de la playa del desmbarco. Omaha Beach, me aclara la mini enciclopedia con acento del norte. Aunque ese es el nombre americano, dice. Da igual, a mí me basta, le explico. La música está a toda leche y el chaval se me cuelga de la oreja, impulsado por los vapores etílicos, para relatarme el desembarco de Normandía con más veracidad y pasión que en "Salvar al soldado Ryan". Todo lo que entiendo es que había además otras playas en las que intentaron desembarcar, que había cañones en las montañas que barrían otras calas y que, si quiero enterarme bien del tema, que vaya a un museo que hay en un sitio de por allí que se llama Cork, o Corque, o vete a saber cómo. Lo de la veracidad y pasión del relato lo digo porque, con los salivazos salpicándome en la oreja, perecía que era yo el que saltaba de la barcaza en mitad del fragor de la batalla. Impresionante episodio bélico.
El pequeño normando se había empeñado antes de la película en hacerme probar un típico licor de su región hecho a base de destilar manzanas hasta que ya no hay más alcohol que sacar. Es una especie de orujo con sabor a manzana, si es que es posible que sepa a algo después de tanta destilación. Me cuenta algo de que lo hace su padre en casa y que se ha traído dos botellas sin que se enterara. Su padre debe de tener mala leche, porque el payo pone la misma cara de desafío a la muerte que pondrá después durante el episodio del desembarco. Curioso especimen, sin duda. La noche transcurre sin más sobresaltos y me retiro pronto ya que estoy molido.
Durante la cena le comento al de la gallina que el cabrón del Director se ha pasado a ver cómo nos iba la vida. Tras unos primeros compases de conversación me pregunta si el Director olía a alcohol. "¿No jodas? ¿El Director también?" le pregunto. Me dice que sí, que hay veces que te habla y que huele que no veas, y me hace el clásico gesto que hacen aquí de ir borracho, que es algo así como atornillarse el hocico. Joder, con razón los tíos no tienen frío, si van pimplados todo el día. Del profesor de español me han dicho que también le mete caña, pero ese además es maricón el pobre hombre. Aquí hay hostias para todo el mundo, no se salva nadie. Que el barbas le dé a la botella no me extrañaría, porque el tío va siempre más contento que unas pascuas, pero coño, el Director, con lo serio que estaba... Le cuento lo del follón que tuve con el barbudo y me dice que no pasa nada, que iría borracho. Le digo que es posible, que el payo iba vestido de arriba a abajo a las 3:30am, y me dice: "Coño, la 3 y media, ¡pero si es su hora! ¡Haberlo invitado a un copazo!". Me dice que la mujer también le pega a la botella. Con razón tienen tantos críos...
Me he instalado un programita que me dice, en una barra, la temperatura, el porcentaje de humedad, la fuerza del viento y la presión atosférica de Nantes. Ahora mismo, a las 2:30pm, tenemos 17 grados (sobre cero, de momento) y un 88% de humedad. Ayer la humedad era del 100%, claro que había que ver cómo caía. El viento es SSEste y viene con una velocidad de 14 km/h. Lo que de verdad sería interesante sería conocer los datos dentro de mi habitación, porque aquí no hay 17 grados ni de coña. Espérate que pongan la calefacción que se va a derretir el radiador. Van a tener que vender ordenadores para pagar el gasto de caldera que les voy a hacer.
Hoy es Sábado pero con sabor a Domingo. De hecho, mañana, el Domingo ni siquiera sé qué sabor va a tener. Me enfrento a algo insospechado e insondable. Me explico. Aquí, todo Dios, desde los más pulé hasta los ICAM 2, tienen diez días de vacaciones. Empiezan hoy y ni siquiera sé cuándo vuelven a currar los muy cabrones. Yo, como buen pringao, sólo pillo Jueves y Viernes de la semana que viene, que mi beca es Erasmus Plus, con suplemento de puteo doble. El caso es que en la residencia no queda nadie, pero nadie nadie. Tienen vacaciones hasta los mosquitos, porque no he visto ni uno. Me pregunto si el barbas tiene vacaciones. La chica de Madrid se ha vuelto a España y se coge toda la semana entera, y las de Veterinaria se han ido para un fin de semana de senderismo que les organizaba la escuela. Espero que les llueva todo el tiempo. Así que dudo mucho que haya alguien más en la residencia aparte de mí. Teniendo en cuenta que me sigue rascando la garganta y que sigo algo pachucho, casi que es lo mejor. Hasta le puedo sacar punta a la situación: puedo comer y no fregar las sartenes, dejar la mesa echa una mierda, jugar al billar todo lo que quiera, mear en la puerta del barbas... Diría que hasta puedo poner la lavadora, pero no tengo fichas y las fichas las venden los alumnos en el bugó des elev, así que no me atrevo a dar una estimación de fecha para la próxima lavadora. Afortunadamente, tengo bastante ropa limpia. En estas condiciones, puedo asegurar que, cuando llegue el Lunes, tendré hasta ganas de ir al laboratorio. En fin, esta pausa en la vorágine nantina me permitirá recuperarme y poner al día El Diario de Nantes.
He ido al gimnasio de la residencia ya varias veces. Son una serie de máquinas multiejercicio que debieron comprar en el mismo lote que los estropajos de mi cocina, y un montón de colchonetas mugrientas tiradas por el suelo. Sólo en dos de los cuatro aparatos tienes la impresión de poder realizar ejercicios sin riesgo físico evidente, y son a los que me limito, que no está el horno para bollos. A ver si me lo tomo en serio y por lo menos me pongo cachitas. Todavía no he coincidido con nadie en el gimnasio (es casi una licencia poética llamarlo así) y la verdad es que no creo que nadie lo utilice aparte de mí.
Ya tengo el periódico de la escuela. Es bastante cutre. Fotocopias grapadas a mano y, eso sí, portada en color a base de GIF estirado hasta que ocupe el tamaño de toda la hoja. Aficionados. Nada que ver con el BIELA, aquella insigne revista de Industriales de la cual estuve al cargo durante sólo Dios sabe cuánto tiempo. Claro, que allí poníamos el corazón, el esfuerzo, el tiempo, el cachondeo... Aquí sólo ponen el esfuerzo. Y claro, así no puede ser. Tampoco seré yo quien les saque del hoyo, que ya tengo bastante con lo mío, aunque igual me animo y les hago un dibujillo. Ya veré.
Ha escrito el Juli, el del Erasmus en Irlanda. Está en una casa muy grande con tres o cuatro irlandeses. Dice que se lo pasa muy bien, pero que los tíos son muy guarros. A mí me lo va a decir, que pasé un verano con siete. Lo mejor es que lleva un mes allí y todavía no ha empezado su proyecto. El tío manda un mail de 10 líneas cada 10 días. La última línea siempre dice: "Qué mal lo estoy pasando", justo antes de decir que no escribe más porque no tiene tiempo, no como yo. ¿Será hijoputa? ¡Pero si todavía no ha empezado el proyecto! ¿Cómo pueden suceder estas cosas? ¿Por qué seré tan pringao? ¿De qué manera el Universo espera recompensarme para poder seguir su camino en equilibrio? Cuando me toque la lotería va a ser la hostia...
Ah, más sobre el tema de las estrellas en el labo. El viernes, en pleno episodio infernal, me dicen mis colegas que han rediseñado la viga central del aparato transportador y que va a medir 70, más que antes. Le digo que 70 me parece un huevo, y hago con las manos el gesto de 70 cm. Patapám, estrella por hablar en centímetros. En ningún momento salió de mi hocico la palabra centímetro, pero estrella que te crió; para qué veáis como está el tema. En estos momentos tengo dos, pero hay tantos aperos por pagar todavía que no me preocupa en absoluto. Con suerte, para el próximo que tenga que hacer ya estaré en España.
Por cierto, los que tienen que montar el horno de Danone se fueron ayer después de comer. Dormían en un hotel, los dos con el catedrático, y el Sábado por la mañana iban a la fábrica a hacer el numerito. Había gran expectación el Viernes en el laboratorio mientras preparaban todos los trastos para el evento. Ya veremos qué cuentan el Lunes.
Hoy es Domingo, pero Domingo de la hostia. Soy el único en toda mi planta y no creo que quede mucha más gente en la residencia. La temperatura exterior a las 13:45 es de 19 grados y el sol luce con fuerza. Saldría a dar una vuelta, pero como me ya me maltraté ayer y, sí, estoy griposo, prefiero quedarme aquí y reposar, ya que el Jueves empiezo cuatro días de vacaciones que espero estén cojonudas. En principio viene Luis de París y nos vamos a dar un viajecillo por ahí, pero con él nunca se sabe. En todo caso quiero estar en plena forma para las breves pero seguro intensas vacaciones que se avecinan.
Ayer fue la bomba. Estaba yo tirado en la habitación a eso de las 8 pm cuando viene uno de los pulé y me dice que van a hacer una cena y que luego se van a una buát (boite, discoteca). Le digo que estoy un poco revenío, pero que va, que me animo, que llevo todo el día encerrado y me apetece salir. El chaval este es muy majo. Es el único de los pulés que se ha quedado un día más, ya que todos se largaron ayer. Supongo que será para darle vidilla a la novia que tiene aquí. El chaval se llama Tierrí (digo que se escribe Thierry) y la novieta se llama Cler (Claire, supongo). Tenían unos amigos que venían de Tulús (Toulouse, y vale ya, que me estoy cansando) y que se quedaban a pasar la noche antes de largarse todos a la Normandía, que por lo visto es donde viven. El Tierrí me ha dicho de ir a pasar un fin de semana por allí y le he dicho que por mí de puta madre, que me da igual que llueva, que aquí también llueve y ya me lo tengo muy visto. A ver si realmente se estira y me saca de paseo.
Venían dos amigos de él y dos amigas de ella. Uno de los tíos tenía una pinta de empollón que te cagabas, y estuvo leyendo una revista de divulgación científica mientras los demás preparaban la cena. Yo flipaba. El otro era alto y melenudo, con pinta de ser buena gente, pero en un estado de revenimiento que hacía presagiar que de buát nada. En cuanto a ellas, oh ellas... Una era normalita, tenía un pase. Debía estar en sus 20 ó quizá 22. La otra, oh la otra. La otra era la Lolita francesa por excelencia, un mito erótico, un volcán. Decía que tenía 18 años, pero no aparentaba más de 16 (iba a poner 15 pero me parece éticamente excesivo). Estaba buenísima y tenía pinta de no haber roto un plato en su vida y a la vez haber roto vajillas enteras, no sé si me explico. Sólo le faltaba chupar un chupa-chups lascivamente. Para colmo de males, se llamaba Anaís (supongo que Anaïs, que he visto la colonia por ahí). El sueño de cualquier degenerado de los muchos que conozco, entre los que me incluyo porque me conozco muy bien. Por lo visto la idea era emparejarme con la otra, Mimí se llamaba, como pude comprobar a lo largo de la noche. Como quiera que la fiebre mermaba mi iniciativa, que la Mimí no se pasaba de buena, que tampoco hacía nada por la labor y que, estando allí Anaís-Lolita, pues que mismamente le podían dar por el culo, hablando en plata.
Por lo que pude averiguar durante la cena, la Lolita tenía novio o algo así. Lo de los novios aquí es una plaga, es peor que en España. Espero que, por el mismo motivo, se deshagan de ellos con la misma facilidad con que los enganchan. Yo estaba realmente hecho polvo, me dolía la garganta de mala manera, tenía un variado repertorio de dolores articulares y me ardía la frente, y la verdad es que todo eso se me tenia que ver en la cara y sobre todo en el ánimo. Cenamos tranquilamente y no hice el menor esfuerzo por segir las conversaciones, en parte por mi estado de revenimiento y en parte porque no podía dejar de ver a la Lolita comiendo spaghetti. Acabada la cena, cogemos las banyolas (la bañol le dicen aquí al coche) y enfilamos a la buát en el centro de Nantes.
La buát era la hostia. Parecía salida de una película cruce entre "El color del dinero" y cualquiera de las de la saga de "El Padrino". Aquello tenía una pinta de casino que te cagabas, y el lujo se palpaba en el aire. Yo palpé mi cartera y pensé que quizá las 100 balas (francos) con los que había salido de casa (2.500 pelas) no iban a ser suficientes para tanto lujo. Dos porteros de color (negro), trajeados hasta la médula, nos abren la puerta y nos dan las buenas noches. El recinto es inmenso y está dividido en dos zonas bien diferenciadas: una gigantesca en la que hay billares de todo tipo y con una pinta que te cagabas y, en un rincón, y separada por un cristal, la zona disco en sí, donde las alfombras de lujo, el bar en plan Chicago años treinta y las sillas y mesas de madera del Missisipi me confirman que las 100 balas no van a ser suficientes para tanto forastero. Efectivamente, nada más entrar, nos pegan el primer palo en la cartera: 60 balas (1.500 pelas) de entrada. Bueno, que no cunda el pánico, parece que pone aquí algo de consumición. Minutos más tarde descubro que la consumición es un triste copazo que, te lo ponen igual en España y se lo vacías en la cabeza al camarero cachondo. Podía ser peor, podía haber pedido una Coca-cola por el módico precio de 30 balas (750 pelas). De todas maneras, la noche es larga y acabaré tomando incluso la puta Coca-cola de los cojones. Si en el fondo no hay que preocuparse por nada, que todo llega.
Entramos en la zona disco y bailamos frenéticamente al ritmo de una música más o menos decente. La Lolita baila con decoro y voluptuosidad y está que se sale. Al cabo de un rato empiezan a poner música moña y me piro a por otro copazo con la consumición del empollón, al que le he hecho un acertado canje ya que el no quería más que un refresquillo porque tenía que conducir. Le iba a intentar convencer de que, sudando como estábamos a chorros, el whisky no le iba ni a llegar a la sangre, que le iba a salir directamente por los poros, pero decidí actuar con valentía y decisión y seguir adelante con la estrategia. Cuando vuelvo con el copazo, la música es hiper-lenta y la pista está llena de parejas. El gafotas cabrón se ha agenciado a la Anaís, y hasta la Mimí se ha pillado a un gañán que circulaba por ahí. Por su parte el Tierrí y la novia se daban el lotazo ajenos al mundo exterior. Tras unos momentos de violencia inusitada en la pista, y sin una triste fémina a la que amarrarme, voy al Tierrí y le digo que qué pasa, que corra el aire, hombre, que se busquen un motel. Me ve y me dice que Mimí quería bailar conmigo. Me coge y me lleva hasta ella pero, o bien el gañán no aflojaba la pinza-chiquichá, o bien la Mimí decide que no se baja del burro, que allí hace frío y que necesita confort. La pinza chiquichá, para todo el que no lo sepa, es un término acuñado por la jauría, y que define el movimiento de brazos en plan pinza que realizan los gabachos cuando discurren por una pista de baile intentando arramblar con toda hembra que pillen. Y vive Dios que funciona. El caso es que el Tierrí le quita la Lolita al gafotas, me la trae y me la cambia por el copazo. En condiciones normales, nadie me quita un copazo fresco de mi mini-pinza-chiquichá ni con las mejores tretas, especialmente cuando la temperatura ambiental supera los 40 grados y la humedad relativa es tal que uno se teme que vaya a comenzar a llover de un momento a otro en el interior del local. Pero sin duda el canje que me ofrecía no tenía precio, así que aflojé la mini-pinza chiquichá y lancé a su hermana mayor.
Empiezo a bailar con Anaís y le pregunto que si es normal todo el rollo este de la música lenta, y me dice que sí, que es bastante habitual y que dura un cuarto de hora. Hago cálculos frenéticos y concluyo que me deben quedar unos diez minutos, y además íntegros, porque la pinza chiquichá no va a aflojar su presión en ningún momento. Bailamos lento e intento lanzar una conversación que rebaje el asfixiante calor que amenaza con fundir la pinza. Me dice que estudia domótica en Tulús, pero la chica está muy callada y no está muy por la labor, quizá porque me ha costado tres intentos entender de qué coño hablaba a pesar de que se dice "domotíc", bastante parecido al español. Quizá fuera porque se me reblandecía el cerebro cuando se me colgaba a la oreja para explicarme el tema. Le digo que todo eso es muy interesante, que tiene mucho futuro, que si es eso de que cuando llegas a casa la calefacción está en marcha y puedes encender las luces con un par de palmas. Me dice que sí, que es eso, y yo le vuelvo a decir que es algo interesantísimo y que debería venir a mi habitación a ver si puede hacer algo, porque mi calefacción no se enciende ni a tiros y lo del tema de las luces clap-clap siempre me ha hecho ilusión. La tía se ríe pero no pica. Esto es casi peor que la historia de la gallina con las portuguesas. El caso es que a los diez minutos, y durante la última canción, la pinza comienza a fundirse. Sin duda alguna, si excluímos procesos geotérmicos naturales y procesos de fabricación industrial de fundición, yo era en aquellos momentos el punto más caliente sobre la corteza terrestre. Por suerte o por desgracia para mí, la última canción lenta se acabó, y la Lolita se zafó hábilmente de una ya maleable pinza chiquichá, como probablemente había hecho ya mil veces más antes. Después vino la música tecno y mi desesperación. Afortunadamente, y cosa rara, al Tierrí tampoco le iba el tecno y sí el billar, y no pudo resistir el ver las mesas a través del cristal durante demasiado tiempo. Así que allá fuimos.
Aquí al billar español lo llaman billar francés, los muy flipaos, aunque creo que ya lo conté. La mesa era inmensa, tenía calefacción debajo del tapete y la bola parecía rodar con un coeficiente de rozamiento próximo a cero, como próximo a cero se iba a quedar mi saldo después de hacer unas cuantas carambolas durante más de una hora, con consumición OBLIGADA incluída. Pude recordar mis viejos tiempos de billarista español y ver cómo el Tierrí sacaba a relucir sus dos horas diarias de billar en la resi y se lucía ante el respetable. Aún así, el gafotas y yo acabamos ganando de uno, porque él jugaba con su novia y ya tuvimos bastante suerte con que no se follara el tapete. Al final la broma del billar me salió por 40 balas más (1000 pelas) y el gafotas me tuvo que dejar de su cargador para poder salir de allí sin que nos partieran las piernas. Aún así valió la pena jugar en aquella mesa. Cuando sea mayor me compraré una igual.
Luego, ya en la resi, echamos un par de partiditas de billar americano, pero claro, no es lo mismo. No es lo mismo porque el bilar americano no tiene nada que ver con el español, y porque el tapete del de la resi está lleno de agujeros, el taco está jodido de tanta chorrada que hacen con él y las bolas son pequeñas y no ruedan sino que saltan sobre la mesa. Aun así, la cosa dió para una conversación interesante. Cuando fallas algo, y dices "su madre!" (sa mére!), por lo visto es la hostia de fuerte. Aquí tienen algo especial con las madres y, mientras que en España van por tierra porque la expresión "hijoputa" está en boca de hasta el chiquillo de 8 años más moderado, aquí si dices a alguien hijo de puta el siguiente paso es salir por piernas o sacar la navaja, porque va a correr la sangre seguro. Por otra parte, "sa gúl" (ça roule) quiere decir "esto rula", "esto marcha", y se utiliza a menudo en vez del manido "sa vá?". Pues bien, en uno de los lances del juego me hice un lío con lo de las maledicciones y acabé diciendo un "sa mére ça roule", cuya traducción literal parece ser "no veas cómo rula su madre". A juzgar por las caras de estupefacción y los cinco minutos de descojone posterior, entre lágrimas y sollozos, es lo peor que se le puede decir a alguien en francés. Para que luego digan que no progreso. Un par de partidas después, la noche acababa y yo me iba a mi habitación con la esperanza de levantarme algo más repuesto de mi estado febril. Una noche interesante, sin duda.
Acabo de volver de un viajecillo de la hostia por el norte de Francia: la famosa Bretaña y la no menos salvaje e histórica Normandía. Impresionante. Cuatro días aprovechando el puente de todos los santos, que no hay muchas vacaciones por aquí y menos para mí, así que no era cuestión de desperdiciar. Paso a relatar.
Finalmente Luis se dejó caer el Miércoles por la tarde. Cenamos lo que el Carrefour nos pudo proporcionar y nos pusimos a hacer planes. Después de varias horas de llamadas a familiares y amigos, quedó más o menos decidido qué era lo que debíamos y lo que no debíamos ver, que no es poco. Cerramos el chiringuito y nos fuimos a dormir porque queríamos salir pronto por la mañana, a pesar de que la noche de Jalogüin prometía.
Aquí están locos con el Halloween. Tan cerrados y patriotas que son para unas cosas y hay que ver cómo han recibido el puto Jalogüin, con los brazos abiertos, que parece que sea suyo de toda la vida. Desde primeras horas de la mañana ya va todo el mundo disfrazado de bruja o de esqueleto por las calles, pero no ya los chiquillos, sino incluso gente respetable, todos por ahí haciendo el canelo. Lástima haberme perdido el juergorrio de la noche, porque toda la peña por ahí borracha disfrazada de calabaza y rodando por el suelo tiene que haber sido de miedo. En fin, el año que viene...
Salimos el Jueves por la mañana a eso de las 9. El Twingo cargado hasta los topes, de gasolina, de mantas por si dormíamos en el coche y de viandas varias; básicamente pan de molde, Nutella, un surtido de fiambre y un par de rollos de papel para emergencias: nunca se sabe qué puede pasar en la campiña.
Tras un rato de vagar por buenas carreteras en las que no hay que pagar (en el norte no hay peajes, increíble pero cierto. Nada como el nacionalismo para conseguir infraestructuras de calidad y a buen precio) llegamos a Carnac, lugar famoso por sus pedruscos, se supone que erigidos por druidas y demás gentes de mal vivir. El caso es que los dólmenes y demás pedruscos no están demasiado bien indicados (señal de que no les dan para comer) y estuvimos dando más vueltas que un perro antes de acostarse. Al final encontramos un buen sustitutivo de dólmenes: los aliñamón (les alignmements, los alineamientos). Se trata de miles de piedras, de tamaño considerable, alineadas una detrás de otra durante unos cuatro kilómetros. No sé cuántos pedruscos habría allí, pero incluso más que panolis vestidos de Jalogüin dando vueltas por las calles de Nantes. La verdad es que era bastante impresionante. Luego nos vendieron que había que ver 'El gigante de noséqué' y 'el cuadrado' o algo así. Eran tan mierdosos que, cuando los encontramos, pasamos de largo y seguimos caminando media hora por el bosque buscando algo que realmente nos hiciera alucinar como pretendíamos. Al final tuvimos que ceder ante lo obvio: el cuadrado eran un montón de piedras puestas en forma de cuadrado (lógico) sin ninguna gracia ni majestuosidad, y el gigante era una especie de menhir de unos 5 ó 6 metros de altura. Una piedra alta, sí, ¿y qué? Con la impresión de que nos dejábamos algo bueno por ver, partimos hacia la Punta de Raz, punto más al oeste de Francia y no sé si de Europa, islas aparte. Por el camino vimos Vannes, o fue antes de las piedras. En fin, una ciudad con un centro histórico muy bonito.
La punta de Raz fue muy fuerte. Los tíos lo tienen montado de tal manera que te cobran más de mil pelas por aparcar el coche, en concepto de "conservación del patrimonio", cuando no son más que unas montañas que acaban en el mar y que necesitan menos mantenimiento que un botijo. Para colmo, tienen montado un montón de tiendas y restaurantes a los que seguro que les sacan buena pasta. Afortunadamente, éstos quedan lejos de lo que es la Punta de Raz, y no hay que destinar más fondos a "la conservación de un patrimonio que la explotación va a acabar jodiendo". Llegamos conduciendo a toda leche, ya que en principio no estaba en el planning ver la puesta de sol allí y, tras varias Puntas de Raz que resultaron no serlo, el ticket de parking nos aseguró que estábamos por fin en la buena. Desde donde se aparca el coche hasta donde se puede ver poner el sol hay un pateo de cojones, y como quiera que el sol amenazaba con desaparecer de un momento a otro, nos dimos una carrerita que acabó empapándonos de arriba a abajo. Buen comienzo para un viaje que, parecía, no iba a ser pródigo en duchas. Vimos por fin la puesta de sol con calma. Increíble. Creo que es la primera vez que veo una puesta de sol en el mar, algo que no es demasiado habitual en Valencia, donde el sol es caprichoso y gusta de ponerse por el otro lado. Un excéntrico este sol. Una maravilla. Como después no había mucho que hacer por allí, enfilamos hacia el siguiente punto de destino: una cornisa en el norte de la Bretaña que, por lo visto, era paraje protegido nacional de estos y que nos habían dicho que había que ver.
Se estaba haciendo de noche y Luis no parecía muy por la labor de buscar un hostal o albergue. El tío estaba empeñado en dormir en el coche, pero como un chiquillo sin zapatos nuevos. Le digo que ya lo he hecho, que se duerme muy mal, con muchos dolores al día siguiente y que se pasa mucho frío, sobre todo cuando se está en la Bretaña francesa. Pero cuando el tío se emperra no hay manera de hacerle entrar en razón y yo, que soy un buenazo, le concedo el deseo esperando que escarmiente para el día siguiente y me busque un local de mi categoría. Aparcamos el coche en una playa bastante vistosa y preparamos el Twingo para la larga noche. El asiento del copiloto no se reclina, pero no hay quien pare a Luis y, en 15 minutos y con el cuchillo de untar Nutella, el asiento acaba reclinándose. Yo no lo había probado nunca, pero el Twingo se hace cama que da gusto. Sin embargo, no reclinamos bien los asientos posteriores y estuvimos aún más incómodos de lo que podíamos haber estado. Una manta para cada uno, un saco de dormir (1.990 pesetas de cuando el Carrefour era aún Pryca) a compartir y doble par de calcetines en los pies para afrontar la noche. Debimos de dormir unas tres o cuatro horas. El frío aumentaba conforme pasaba la noche y los dolores articulares impedían conciliar el sueño. Pensé que, a pesar de los calcetines gruesos, iba a perder los dedos de los pies. Ni siquiera el bello amanecer pudo enderezar la agria experiencia. Aún así, somos jóvenes, fornidos y gilipollas, y se iba a demostrar a la noche siguiente.
Al alba enfilamos hacia el paraje en cuestión: una franja de varios kilómetros de playa la mar de pintoresca, con unos pedruscos redondos de varios metros de altura que en algunos lugares formaban verdaderas montañas que uno podía escalar triscando. Pasamos la mañana disfrutando como locos saltando de piedra en piedra y sudando todavía más la ropa del día anterior y con la que habíamos dormido. Mis sobacos pedían jabón tan alto que espantaban a las gaviotas. Una mañana de ejercicio y escalada muy entretenida y vistosa. Muy bonito todo.
Por la tarde tocaba San Maló. Es una ciudad amurallada tipo Ávila pero con menos remilgos. Las murallas tiene metros de espesor y no veas de altura. Nos habíamos preguntado dónde estaba toda la gente, ya que habíamos visitado lugares supuestamente turísticos y no habíamos encontrado multitudes; de hecho no había nadie viendo las puñeteras piedras druidianas. La respuesta era simple: estaban todos en San Maló. Impresionante. Creo que ni siquiera en sus peores episodios bélicos aquellas murallas habían visto a tanta gente. No sé a Luis, pero a mí tanta multitud me toca los cojones. En fin, ya lo sabíamos; eso es lo malo de Francia, que está llena de gabachos. Hacemos de tripas corazón y paseamos el Twingo por las faldas de la ciudad para luego pasear por su interior hasta que se pone el s